’THE ROMANOFFS’ O CÓMO LA TRAGEDIA ES HEREDITARIA

Un recorrido biográfico más allá de la persona. El apellido. Pertenecer a un linaje real que, históricamente, se supone que dejó de existir el siglo pasado; en 1918. Ser un Romanov —o Romanoff, con dos efes, como lo escribe Matthew Weiner— no es cuestión de linaje, de apellido heredado. Es una actitud fundamentada en la elegancia de la persona, en el saber estar y, lo más importante, en asumir lo trágico como usual. Lo normal es lo más trascendental.

Weiner nos conduce a través de un mundo de suposiciones de la mano de ocho personas que dícense ser los herederxs de la familia real rusa. Ocho episodios donde ocho personas, sin ninguna conexión más allá de guardar el mismo apellido o la misma supuesta procedencia, se ven en diferentes situaciones. Situaciones límite en las que hacen que desarrollen las mismas características enfrente de ellas: la tragedia.

La caída de una persona. Un personaje importante, divinizado. Como un rey en la edad media; la conexión con Dios. La caída de ese personaje importante, conectado con el mundo de las ideas, en plena acción, es el argumento de la tragedia. La tragedia griega. O clásica. O rusa, en este caso.  

‘The Romanoffs’ es una representación directa de ello. Un lugar donde el público se puede ver con sus propios ojos. Se puede ver, en concreto, ocho veces. ¿Por qué?

Porque ‘The Violent Hour’ recorre el periplo de los intereses fundamentados en la familia; en el hecho de proseguir una descendencia, sea de ésta su objetivo primordial la continuación. Una aristócrata parisina -interpretada por Marthe Keller– sufre hipocondriaquía. Su sobrino contrata una asistenta musulmana para que la cuide, hecho que deribara en actitudes racistas de la aristócrata hacia su asistenta. Todo se resuelve cuando los intereses de Anushka, la aristócrata, sabe que su linaje, su apellido, y sus pertenencias acordes con su clase social, tienen dueñx asegurado en el futuro, dentro del mismo futuro aristocrático. Es, en sí, el debate de la continudiad del ser, extendido a la materialidad de éste. Algo que todxs nos hemos cuestionado.

Porque ‘The Royal We’ no es tan real -en ambos sentidos; de realeza y de realidad-. Lo normal es lo más trascendental y, para este matrimonio, lo normal es la rutina y, por ende, salirse de ella. La idea de mostrar una vida perfecta, desemascarada por una obsesión de vacío deribada de lo líquido -como diria Zygmunt Baumant– les hace entrar en un ir y venir de extrañeza-normalidad. Es, en este punto, cuando apreciamos esas entradas y salidas que a veces deseamos de nuestras propias rutinas, aunque no sean tan extremas como las de Michael Romanoff (Corey Stoll).

Porque ‘House of Special Purpose’ conlleva un propósito inherto en el propio hecho fílmico: nos muestra la relación de una actriz (Christina Hendricks) con la directora de la película en la que participa (Isabelle Hupert). Dicha relación muestra la influencia de poder dentro de las artes cinematograficas, tanto inherta en la propia historia que se narra como en el propio proceso de creación artístico. Nos muestra, también, los límites de la relación entre esencia y apariencia o, lo que es lo mismo, entre realidad y ficción. En definitiva, nos evoca, con su final, que todo es lo mismo porque nada es lo que parece.

Porque ‘Expectation’ hace la diferencia entre lo que esperamos de la vida y lo que la vida nos da o, lo que conseguimos, lo que tenemos, o lo que no apreciamos porque nos centramos en las carencias. Es un recorrido, de un día, por la vida de Olivia Wells (Amanda Peet) y la vida que ha construido. Construída, en parte por las mentiras, resultado de lo que unx espera y lo que unx es. La vida es lo que pasa mientras tú haces otros planes. De esto va este capítulo. Esto es lo que nos muestra y lo que, por mucho que nos repitamos, no aprendemos. Ni lo aprehendemos.

Porque ‘Bright and High Circle’ nos muestra que en la sociedad en la que vivimos -entiéndase que se hace referencia a la decadente sociedad occidental- la imagen pública de una persona es su arma más poderosa y su filo más vulnerable a la vez. Katherine Ford (Diane Lane), descendiente de los Romanoff, es profesora de universidad, procede de una familia bien posicionada, y es respetada socialmente. Todo se ve truncado cuando entra en juego la decadencia de la reputación social del profesor de piano de sus hijos, que puede afectar a ella. Es el problema de agradar continuamente lo que nos muestra este capítulo, desprendiéndonos de las tomas de acciones, muy necesarias a veces, más allá de nuestra conformidad.

Porque ‘Panorama’ es sobre ver la gran perspectiva pero, a la vez, el modo en que, como seres humanos, nos perdemos en ella. Victoria Hayward (Radha Mitchell) es millonaria y tiene un hijo al que, por encima de todo, quiere curarle la enfermedad que tiene. Ha viajado por todo el mundo consiguiendo frustración por el futuro incierto de su hijo. En méxico, tampoco consiguen curarle però Victoria consigue canalizar un poco dicha frustración. Es una muestra del uso y abuso que nos hacemos a nosotrxs mismos, a los que nos rodean y de un modo global. Nuestros actos conllevan consecuencias, ya sean buenas o malas, queramos asumirlas o no.

Porque ‘End of the line’ demuestra que todo tiene un fin. Que todo tiene un fin porque, luego, todo tiene, necesariamente, un principio. Una transformación, un cambio, una idea, una percpeción,  una rutina regenerada puede cambiarnos la perspectiva del mundo. Un legado sin nadie que tomarlo y unas espectativas dirigidas a un puerto inesperado. Hasta que interviene el dinero. El capitalismo llevado al rincón de lo natural del ser humano. Una muestra de los prejuicios sociales y de que, en el fondo, nadie conoce  a nadie. Sólo en apariencia.

Porque ‘ The One That Holds Everything’ es mucho para soportarlo un mismo individuo. Porque tenerlo todo no es, ni por asomo, tener lo suficiente, permitirte ser tú. La búsqueda de un hombre que tiene el mundo a sus pies pero los pies con los que pisa no los siente suyos. Después de su búsqueda, se permite recuperar su herencia, los pendientes de su madre, asesinada por su madrastra. Y es que, pensar que unx mismx está loco, no nos demustra nada. Creer que se está malditx, tampoco. Más vale actuar, con actitud, como las ‘West End Girls’ de las que nos cantaban los Pet Shop Boys.

Linaje real; ‘The Romanoffs’ puede parecernos larga, un poco tediosa pero esconde conceptos vulgares, amenos, simples, de nuestro día a día; reales. Nos demuestra a qué se enfrenta el ser humano pero, lo más importante, a lo que no se enfrenta, a lo que evita. A lo que evitamos. A aquello que nos desagrada. Nos recuerda que no somos epicúreos, que no vivimos para el placer, pero que tampoco somos ascetas. Nos recuerda que, en el fondo, la vida es una tragicomedia para cada unx de nosotrxs. O no. Todo es actitud.

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