‘ELLE’ Y LA FINA LINEA ENTRE LA VIOLENCIA Y EL PODER

La violencia rodea al ser humano. Somos seres competitivos de la peor calaña que habita en la tierra. Depravación, miseria, falsa empatía para sobrevivir unx  mismx, degeneración, hundir al semejante para exaltarse, poder. En el fondo va de poder, de poder sublevar a semejanza de unx. Michèle (Isabelle Huppert) es eso mismo: el poder de la violencia. Poder de la violencia ejercida y que ejercieron en ella. Es ‘Elle’ en un film de Paul Verhoeven.

Michèle (Isabelle Huppert) es una mujer vencedora, con poder. Dirige una empresa de videojuegos de éxito. Éxito que conserva debido a su poderío total e indiferente, al igual que hace con su vida amorosa  y su hijo. Un hijo perfecto en la superficie pero sólo en la superficie. Vive en un buen barrio, en una buena casa, tiene buenos amigos, buenos vecinos, una familia. Hasta que un día es violada por un desconocido en su casa. No se lo dice a nadie y decide vengarse.

Cuatro personajes invisibles nos invaden en esta obra audiovisual: la violencia, el pasado, la religión y el sexo.

La violencia ejercida: sobre Michèle cuando era pequeña por su padre, por ella ejercida en su empresa y el violador que ejerce sobre ella ese poder. Poder que es tan amargamente dulce tenerlo como delegarlo en otro/a.

El pasado como ente definitorio del presente: como algo que te persigue y te define. No es que estemos predestinados pero sí marcados por lo que fuimos. Y lo que fuimos son los actos que hicimos. Un hecho que no se puede deshacer y que nos moldea en el presente, sin pretenderlo, sin control, sin el poder que desearíamos. Uno de los pocos poderes que se nos escapa.

El sentido de la religión; violencia propia. Una sociedad occidental basada en el sufrimiento. En el sufrimiento de Jesús el cual esta normalizado hoy en día y el que se basa en el poder ejercido por los romanos sobre el cuerpo de éste. Un poder, sobre el cuerpo, que Michèle (Isabelle Huppert) delega en su violador. Un poder que se ejerce en la cena de navidad que lleva a cabo en su casa, con vecinos, con familiares, con amantes.

El sexo: en los videojuegos que crea en su empresa, en su vida como un juego de dominio y poder sobre los demás y sobre ella misma, un vicio y placer que hiere y que visibiliza. Visibiliza la lucha de una persona en edad madura que reconstruye su vida con piezas de un puzzle que no encajan, que no permiten ver el dibujo final que se esconde en ese puzzle.

Paul Verhoeven nos describe en este film cuatro entes en un submundo muy turbio pero muy presente en el nuestro, en nuestro día a día: la misogínia que sufre Michèle (Isabelle Huppert) viene definida por el entorno en el que se desenvuelve, en nuestro entorno.

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