‘STUDIO 54’ O CÓMO CREAR EL CIELO EN EL INFIERNO

Calle 54 oeste, entre la séptima y la octava avenida. Manhattan, Nueva York. Número 254. Abril del año 1970. Un pequeño teatro reconvertido en el rincón de la música disco. Ian Schrager y Steve Rubell como paladines de la causa; de la música disco, de la época del desfase, del lujo, del Star-System cultural neoyorkino. Creadores, antes del infierno del SIDA, del cielo de la música disco. Creadores de Studio 54.

La madriguera por donde descendía Alicia, siguiendo al conejo blanco, hasta llegar a Studio 54. Un lugar donde ser tu mismx era posible, en un ciudad donde la imagen lo era todo. Imagen que, en ese pedazo de cielo terrenal, se construía en base a unx mismx. Transgeneros, homosexuales, estrellas del mundo del cine, artistas, empresarios de éxito, estrellas underground y, por supuesto, Disco Sally.

Studio 54 era el lugar donde estar. Un refugio en la alocada Nueva York. Refugio donde el buen ambiente reinaba, armonizado con Donna Summer; con música disco. Donde te podías relacionar con los bajos fondos pero también con las altas esferas. Era el lugar donde todo neoyorkino quería estar, necesitaba estar. Un lugar que llegó a ser el cielo, hasta que el Estado quiso convertirlo en el infierno.

En nuestra sociedad, el Estado es el único ente legitimo que tiene el monopolio del uso de la fuerza sobre las personas e instituciones insertadas en él. Ya sea utilizando dicha fuerza o su maquinaria burocrática, el Estado de Derecho se fundamenta en un derecho al control; al estar informado para, después, emplear dicha información para forzar un control sobre el propio estado de las cosas y los acontecimientos.

Studio 54 no se libró de dicho mecanismo. Conocida su fama de fiestas libertinas, música disco toda la noche, estrellas del star-system y underground, la mezcla, para el Estado, era dinamita. Dinamita que encendieron con el cierre de la discoteca por no tener la licencia actualizada para poder servir alcohol y acabo con Steve Rubell e Ian Schrager pasando un año en la carcel por evasión de impuestos.

Lo grande de Rubell y Schrager es que crearon algo fuera y dentro del sistema. Crearon algo que todxs querían y muy pocos podían, sin importar su procedencia. Algo que el Estado quiso y no pudo controlar. Un Nueva York alternativo en el mismo mainstream. En la mezcla está la exquisitez, y ellos lo sabían.

Matt Tyrnauer nos lleva al año 1977. A conocer un pedacito de cielo en el infierno. A su caída y su levantamiento. Nos retrotrae a una época que definió las posteriores. Nos muestra que en la mezcla está la excelencia. Que lo underground y lo mainstream se encuentran en el mismo punto. Nos lleva a un pedazo de la historia en la que todxs querríamos estar; haber vivido, y que forma parte de nuestra memoria colectiva. Pero, lamentablemente, Disco Sally ha dejado de bailar.

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