‘A ROMA CON AMOR’ O CÓMO LAS CIUDADES SON SÓLO HORMIGUEROS

Un escenario común. Una ciudad, siempre permanente y cambiante. Un ecosistema de microhistorias de las personas que la integran. Delirios para cambiar la rutina de dichas microhistorias. Calles estrechas, con muchas plantas. Bares pequeños donde tomar un Spritz. Al lado, el Vaticano. En medio, el río Tiber. Una ciudad de la que enamorarse. Donde enamorarse. Nos vamos ‘A Roma con amor’ desde la cámara de Woody Allen.

Las ciudades sólo son hormigueros. Hormigueros donde cada hormiga tiene su historia, su cuento pero que, uniéndolos todos, construyen un macrorelato. Relatos que, en Roma y de la cámara de Allen, nos retrotraen a los viejos relatos de los hermanos Grimm. Aquellos relatos que nos inspiran para mostrarnos la mezcla de los sentimientos más básicos —y también más necesarios— del ser humano. 

El cuento de lo viejo y lo nuevo. Lo sacro con lo profano. Lo que ha permanecido toda la vida, pero desde dos puntos de vista. El cuento de Antonio (Alessandro Tiberi), Milly (Alessandra Mastronardi) y Anna (Penelope Cruz). Un cuento sobre la posesión del cuerpo de la mujer, ya sea desde dentro o desde fuera.

El cuento de John (Alec Baldwin) es el cuento de los sueños rotos. De ser epicúreo. De entregarse al placer pero sólo en apariencia porque dichos placeres se marchitan. Es el sueño reencarnado en Jack (Jesse Eisenberg) con ambiciones románticas sobre su futuro y que John a perdido con el paso del tiempo, con la madurez. 

El cuento de Leopoldo (Roberto Benigni) y Sofía (Monica Nappo) es el cuento de la insignificancia. Más bien el cuento del significado que le otorgamos a nuestras vidas. Es la balanza entre ser conocido y no serlo; entre tener una cosa y no tenerla. Es el cuento del aburrimiento cuando se tiene y de la ‘necesidad’ cuando te falta. 

El cuento de Haley (Alison Pill). El cuento del romance en Roma. Del descubrimiento de éste. Y, por ende, de las formalidades que conlleva. Conlleva la presentación de la familia. Familia dispar donde, en Roma también, el padre (Woody Allen) demuestra su amor por el trabajo: la ópera, descubriendo en el consuegro un magnifico cantante de ópera. Es el cuento del amor al descubrimiento.

Roma. Una ciudad donde se construye lo eterno y lo efímero a la vez. Ciudad eterna que dura un instante. Woody Allen nos presenta una reunión de cuentos contemporáneos para gente contemporánea con temas que, como seres humanos, siempre hemos tenido ahí.

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