‘ARDARA’ O CÓMO CONSTRUIMOS NUESTRAS HISTORIAS INDIVIDUALES

De Menorca a Ardara. De una isla a otra. Donde vivir unas experiencias a vivir otras, siempre bañadas por nuestra áurea, por nuestra presencia y esencia. Un viaje ya realizado que le llevará al abismo. Llevará a Macià (Macià Florit), un joven menorquín de 23 años, a recorrer el viaje que hicieron sus padres, a través de los esbozos de éste, y que el joven reflejará en su cámara, con su visión. Visión acompañada por Maria (Maria García) y Bruna (Bruna Cusí). Visión reconstruida por sus tres historias, diferentes y unidas.

Historias, diferentes y unidas, que construimos con nuestras vivencias y vivencias que, con la combinación del tiempo, se convierten en recuerdos de unas experiencias ajustadas a nuestra propia realidad. Experiencias que, unidas, pueden generar otras para saber qué pasó en Ardara, qué les llevó a Macià, Maria y Bruna a desaparecer.

Claude Lévi-Strauss referencia que la construcción de nuestras historias individuales son especulaciones filosóficas. Especulaciones como fusión de diversas perspectivas de las vivencias que generan un ente superior capaz de influir en nuestras historias individuales. La desaparición en una cueva, la vuelta a Ciutadella, la fuga de nuestro espacio y tiempo, búsqueda de los orígenes para chocar contra ellos. Un modo de buscarse para perderse en su propio origen. 

Especulaciones filosóficas sobre los tres jóvenes llena de testigos. Testigos que, con sus perspectivas, construyen un origen y, como todo origen, un final para ello. La cámara es un testigo más. Es un ojo que todo lo ve y que no juzga. La cámara somos todos nosotrxs. Todos aquellos situados del otro lado de la pantalla.

Raimon Fransoy y Xavier Puig nos llevan de Ciutadella a Ardara. Nos llevan a cómo construimos los mitos modernos, a esas especulaciones filosóficas que forman parte de una historia construida en perspectiva, llena de testigos. Testigos como el found footage. Testigos que, en este falso documental, nos llevará, como espectadorxs, hasta un acantilado. Nos llevará a decidir, en últimas como testigos de ésta historia, a contribuir en las especulaciones filosóficas; a participar en la construcción de los micromitos modernos. 

Un viaje pausado y necesario a partes igual.

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