‘IL TRADITORE’ O CÓMO MANTENER TUS IDEALES NO RESULTA FÁCIL

Santa Rosalía de Palermo. Protectora de la peste, de las enfermedades infecciosas y patrona de los momentos difíciles. Momento, el 15 de Julio en Palermo, cuando y donde se le rinde homenaje. Homenaje que retrata a la familia y, LA familia, en un mismo encuadre; en una misma fotografía. Las familias de Tommaso Buscetta (Pierfrancesco Favino) y los Corleonesi; familias que integraban la Cosa Nostra; familias que integraban unos ideales. Ideales que llevaron a confrontar  a Buscetta, a los Corleonesi y al Estado italiano y que llevaron a no saber bien quién es exactamente ‘Il Traditore’

Algo que se ajusta, rigurosamente, a un modelo mental de perfección y que no existe; de la idea o de las ideas, o que se relacionan, de algún modo, con ellas. Ideal. Los ideales. Esas esferas inventadas que habitan en el imaginario, ya sea colectivo o individual, de ciertas personas, grupos de seres humanos o instituciones —que son un reflejo indirecto de dichos ideales humanos—. 

Giovanni Falcone (Fausto Ruso Alesi) como el representante de los ideales de justicia del Estado, los Corleoni, como los ideales de la nueva Cosa Nostra, o como Tommaso Buscetta (Pierfrancesco Favino) como el preservador del establishment de La Cosa Nostra. Todos, reunidos en el Maxiprocesso de Palermo en 1986; los ideales y sus representates.

El Maxiprocesso representa desde un punto de vista de ‘idea’, de ‘concepto’, una reunión del viejo establishment con el nuevo derivado, este último, de las nuevas formas de capitalismo y de violencias, ya sean del Estado o de criminales, que invaden los años 1980 y 1990 en una Italia que los extremos empiezan a agudizarse fuertemente ya que el ideal primario más fuerte es la acumulación de riqueza: el dinero, y lo que conlleva éste.

Marco Bellocchio nos hace, una vez más, de historiador audiovisual a través de la historia reciente de Italia. Nos presenta el Maxiprocesso di Palermo y lo que conllevó para sus acusados, sus abogados, sus jueces participantes y sus testigos y lo que ocurrió después, situando al espectador en puntos de vista de la sala judicial donde nunca antes había estado. 

Bellocchio nos coge de la mano. Nos coge de la mano y nos hace recorrer  la angustia de unos hombres situados en dos mundos. Mundos conceptualizados en ideales estáticos que empiezan a fluir por las conexiones más globales; conexiones personales, institucionales y criminales.  

Conexiones que irrumpen para dejar morir unas cosas y mantener otras. Pero, como dice V en V de Vendetta: “- Muere. Muere. ¿Por qué no mueres? ¿Por qué no mueres?  – Bajo esta máscara hay algo más que carne y hueso. Bajo esta máscara hay unos ideales, Señor Creedy. Y los ideales son a prueba de bala.”

 Balas, hacia la familia de Buscetta, que desencadenaron en el Maxiprocesso di Palermo, en el conservadurismo de la ‘Cosa Nostra’, en una escalada de violencia, en unos nuevos esquemas conceptuales para la sociedad italiana, y en una historia, la de Bellocchio, que cambiará los esquemas conceptuales del espectadorx.

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