‘L’HOMME FIDÈLE’ O CÓMO AMAR Y AMARSE

París. Año 2018. La amistad, el amor, el tiempo y los sueños coinciden en un punto; en Abel (Louis Garrel). La contemporaneidad nos ha llevado a localizar puntos vitales antagónicos que nos hacen estar en un continuo punto de conflicto. Puntos, los antagónicos, que llevan a Marianne (Laetitia Casta) a confesarle a Abel (Louis Garrel) que está embarazada de su mejor amigo, Paul. Mientras, la hermana de éste último (Lily-Rose Depp) intentará por todos los medios tomar el amor de Abel (Louis Garrel). Medios que se verán reforzados cuando Paul fallece. Puntos de partida y de llegada, para los tres, que los sacará de su normalidad para, justamente, devolverlxs a ella.

Normalidad que siempre se ve truncada por comentados puntos antagónicos. La contemporaneidad conlleva visiones distantes con referencias en el mismx individuo. Lo único constante es el cambio y, por ende, lo único a lo que estamos constantemente adaptándoos, aunque nunca lo hagamos. Es por eso que, el llegar a eso que llaman vida adulta con los sueños de juventud nunca funciona. 

Esto mismo le sucede a Abel (Louis Garrel); en una relación amorosa exclusiva con una mujer que le es infiel; en un trabajo que ni fu ni fa; en una relación con Ève (Lily-Rose Depp) por amor justo a Marianne (Laetitia Casta); en una continua sospecha porque el hijo (Joseph Engel) de Marianne sospecha que envenenó a Paul; la muerte de Paul.

Marianne (Laetitia Casta) se encuentra en la misma situación: fraccionada por el amor a dos hombres. Amor que no le fue enseñado así, pues querer a dos personas a la vez significa renunciar a una y escoger a otra. Un trabajo donde, para sus empleados, ella es deseo. Un hijo, el que tuvo con Paul, que reniega de ella, dominado por una especie de complejo de Edipo no del todo desarrollado debido, principalmente, a la muerte de Paul.

Ève (Lily-Rose Depp) es aquello que queremos en la juventud y que marca nuestra existencia hasta la vida adulta. Es el amor platónico realizado. Amor que, una vez realizado, no se plantea, hacia unx mismx, del modo en que lo habíamos construido, al menos en nuestra mente. Ève (Lily-Rose Depp) es la importancia del camino y la normalización de la meta deseada, es el contrario de la muerte de Paul.

Paul, sin estar presente, son los cambios en la vida de Abel (Louis Garrel), Marianne (Laetitia Casta) y Ève (Lily-Rose Depp). Es el que, desde la muerte, desde su tumba, cambia las historias vitales de los protagonistas. Es, justamente, dichos puntos vitales antagónicos. Es punto de partida y punto de llegada. Para los tres.

Louis Garrel nos lleva, en su segundo largometraje, a recordarnos que lo importante es el camino ya que la meta es para todos igual. Nos recuerda que, aunque el cambio es lo único constante y al cual nunca nos acostumbramos, es nuestra ley universal como seres humanos. Una ley que merece mucho la pena visualizar.

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