‘1917’ O CÓMO VISITAR, DE OTRO MODO, LA OBRA LITERARIA DE SUN TZU

‘Cuando se está cerca, se debe parecer lejos, cuando se está lejos, se debe parecer cerca. Se muestran carnadas para incitar al enemigo. Se finge desorden y se lo aplasta’. En el caos está la victoria. En lo lejano y cercano, lo ajeno y lo propio, la visión. En esta conceptualización de Sun Tzu, la guerra, y en ‘1917’, el salvajismo y el inicio de un siglo convulso para Europa.

6 de Abril de 1917. En ese día de ese año, Tom Blake (Dean-Charles Chapman) y William Schofield (George MacKay), soldados de primera de la octava ola, servían a gran Bretaña en la primera guerra mundial. Su misión; entregar una carta del general Erinmore (Colin Firth) al coronel Mackenzie (Benedict Cumberbatch) para que detenga un ataque en territorio enemigo que podría conllevar la muerte de 1.600 soldados. Un viaje de Blake (Dean-Charles Chapman) y Schoefield (George MacKay) en tierra de nadie; del salvajismo; del enemigo; de la ley de la supervivencia dictada por lo irracional.

Irracionalidad que solamente se muestra en las capas bajas de la guerra, pues la guerra es un arte. Un arte para aquellos que la planifican pero no para los que la confrontan. Confrontamiento que, en el contexto de la primera guerra mundial, se ve definido por el avance y la imposición —y culminación— de un colonialismo que, al haber invadido territorios no occidentales, se disponía a invadir lo único que le quedaba por dominar: el propio occidente. 

Sun Tzu aseguraba, en ‘El arte de la Guerra’ que ‘cualquiera que tenga forma puede ser definido, y cualquiera que pueda ser definido puede ser vencido’. Es esa misma definición la que buscan las potencias occidentales realizar a través de la primera guerra mundial y, por ende, cabe la posibilidad de que puedan ser vencidos. Destrucción, la de la primera guerra mundial, que conllevará un crecimiento económico a posteriori.

Crecimiento que se deberá a la creación de un nuevo sistema económico respaldado por las personas que lo integran. Personas que se las educará en dicho imaginario ya en el inicio de la guerra y durante ella. Como Tom Blake (Dean-Charles Chapman) y William Schofield (George MacKay); integrados en el sistema porque el sistema forma parte de ellos a un nivel individual como nunca antes en la historia: En un paisaje solitario, donde se encuentran dos personas de diferentes bandos bélicos, una ayuda a otra y la otra lo apuñala. Divide y vencerás. El propio sistema económico haciéndose lugar en el nuevo siglo.

Viajar al año ‘1917’ que nos describe Sam Mendes es una buena muestra de cómo el sistema económico contemporáneo empezó a integrarse en nosotrxs, del nivel más individual al nivel más global. Una muestra, la visión de Sam Mendes, contradictoria en la mente del espectador: mientras que el uso del travelling fotográfico nos seduce con la sensación de avance, las imágenes visionadas muestras progresivamente el salvajismo de la guerra. 

Esto es debido a los dos niveles que trata. El primero, el nivel individual derivado de la guerra, el segundo el nivel nacional. Ambos no sólo en conflicto palpable con el enemigo, sino, he aquí la cuestión que inunda cada fotógrama de la película, el conflicto con uno mismx al defender unos intereses comunes que puede o no que se correspondan con los individuales. 

Sun Tzu lo llama ‘El arte de la Guerra’. Sam Mendes a preferido llamarlo ‘Lo absurdo de la guerra’ en su último film

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