Parthenope (Celeste dalla Porta) nace en el barrio de Posillipo, en Nápoles. Son los años 1950 y, conforme va creciendo, su belleza va encandilando a su entorno. Pero al igual que la ciudad o el mito, cuando Parthenope se adentre en la adultez, verá que su belleza viene encadenada a una maldición: aquella del caos, del desorden, de la imposibilidad de vivir. Una vida que, conforme avanza para ella, irá descubriendo que la imposibilidad de vivir acarrea una belleza situada en el reino de las ideas, profunda y abstracta en el alma, que sólo utiliza lo palpable como punto de partida. Punto de partida que, cuando su hermano Raimondo (Daniele Rienzo) decide suicidarse, tomará su máximo esplendor entre toda la belleza, todo el dolor, la imposibilidad como constante en la vida, y el amor como un dispositivo social que podría ayudarnos a sobrellevar dicha existencia. La vida de Parthenope, los cambios de una ciudad y la belleza socrática, su castigo y la imposibilidad.
Una imposibilidad que, en la adultez, le parece más significativa ya que ella, alumbrada por lo socrático, sólo es capaz de ver belleza más allá de la superficie. Una superficie que le recuerda constantemente la infelicidad de la vida y un acercamiento a ésta sólo desde la etnografía para, precisamente, ver al ser humano como un animal singular, extraño, bañado en el caos y guiado por el amor. Un amor que le sirve como dispositivo social de acercamiento a la realidad de Nápoles, su ciudad, y los seres que la habitan. Un amor que, de la mano de su profesor de antropología social y cultural Devoto Marotta (Silvio Orlando), usará como fallo o como salvamento en su vida.
Paolo Sorrentino parte del fotograma-belleza para hablarnos del caos que nos gobierna y el modo en que dicho caos conlleva una imposibilidad de vivir, aunque dicha imposibilidad sea, a la vez, hermosa. Una hermosura caótica que sólo una aproximación etnográfica desde la belleza socrática puede ayudarnos a sobrellevar todo esto que supone y es la vida, a través del dispositivo social del amor.
‘Parthenope’ es el cuestionamiento de si el amor nos puede salvar del desencanto de la adultez.

