’EL MOHICANO’ O CÓMO LUCHAR EN NOMBRE DE LO LOCAL

Córcega, el paraíso en la tierra. Paraíso para Joseph (Alexis Manenti) y sus cabras, para lxs turistas y para los especuladores inmobiliarios mafiosos. Mala combinación. Una combinación que lleva a Joseph a no querer venderle sus tierras a los especuladores, a un incidente con uno de ellos, a la huída hacia adelante, al abandono de sus cabras, a refugiarse para sobrevivir con los demás pastores, a atravesar esa marea turística que ahoga la isla con sus casas de alquiler y su destrucción del medio ambiente. Lleva a su sobrina a hacerse cargo de sus cabras y a ir reportando, a través de las redes sociales, dicha huida hacia adelante. Una huída que, desde el anonimato y la vida al margen del sistema, situarán a Joseph como un héroe, como ‘El mohicano’. Un mohicano que lucha, sin proponérselo, entre el capitalismo global atroz y la vida local. Una vida, la de Joseph, que corre peligro.

Una peligro que se presenta en nombre de la rentabilidad del paraíso. Un paraíso que, en el lado turístico, se ensambla como un parque donde aquel que va encuentra lo que preconcibe que encontrará. Pero aquel que reside, se encuentra el cerco cada vez más estrecho. Se encuentra cada vez más relegado al margen. Un margen que, al no tener una función rentable, el sistema lo aboca a la desaparición. Como pretenden hacer los especuladores mafiosos con el mohicano.

Una historia, la del mohicano, que su sobrina Vannina (Mara Taquin) va en cierto modo retransmitiendo por las redes sociales para exponer la problemática que supone un turismo masivo, las consecuencias destructivas que acarrea para lxs residentes locales y las labores que desarrollan y, lo más importante, cómo dicho sistema va invalidando todo aquello que no reporta una rentabilidad alta en un franja de tiempo corta.

Frédéric Farrucci muestra, desde lo particular, una casuística muy actual triangulando turismo masivo, respeto local y redes sociales. Y lo hace en una historia de apariencia simple y reflexión profunda. Profunda porque todxs somos turistas y viajar con conciencia se ha vuelto primordial. Primordial tener respeto por aquello local, por primar la acción localizada en vez de la dictadura global. Y global como las redes sociales, que nos descubren lugares nuevos donde viajar pero también pueden ser un altavoz global para las problemáticas locales.

‘El mohicano’ es la expresión visual de las fuerzas globales y locales que están en constante lucha en nuestro sistema hipercapitalista.

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