El punto medio siempre se disuelve, por sistema. Cuando lo polarizado invade la mayoría de las esferas públicas y privadas, los extremos parecen una solución o una derrota, según el bando desde el que se mire. Enrico Berlinguer (Elio Germano) era consciente de ello y, en un contexto como en el de la guerra fría, la colaboración, las alianzas y la búsqueda racional del punto medio, el punto de acuerdo, no se contemplaba. ‘Berlinguer. La grande ambizione’ es esa ambición berlingueriana por avanzar, por reformular, por superar viejos paradigmas creando de nuevos. Por el nuevo grande compromiso histórico, con pluralidad de voces. Unas voces que, desde los extremos, se han pretendido silenciar.
Un silencio que conviene tanto a un bando como a otro de la guerra fría, pues en el conflicto está el beneficio para dichos extremos. Unos extremos que, cuando el Partito Comunista Italiano y la Democrazia Cristiana pretenden avanzar juntos en nombre de mejorar la situación social de Italia, el sistema se encarga de aplacar, de disolver, pues el nuevo grande compromiso histórico es, precisamente, nuevo, y pone en peligro el establishment.
Andrea Segre realiza un film que se sirve de lo documental y lo reconstructivo para mostrarnos el modo en que, dentro de toda la tensión de la guerra fría, había personas que buscaban un punto medio fundamentado en el diálogo, en la conversación, en el debate como motor de avance y progreso. Un progreso que también se intentó reconceptualizar en el ámbito político pero que no acabó de asentarse, pues las fuerzas políticas confrontadas y aliadas obedecen a un sistema superior. Sistema que como muestra el director, no siempre obedece a ideologías políticas, sino a dictámenes económicos e intereses personales.
‘Berlinguer. La grande ambizione’ tiene su fuerza en ser un pequeño destello en la oscuridad. Destello que nos ayude a entender el pasado y, sobretodo, nuestro presente.

