Winston Gooze (Peter Dinklage) es un conserje que trabaja en la fábrica de Bob Garbinger (Kevin Bacon). Fábrica que da trabajo a la mayoría de ciudadanos de la ciudad, donde se fabrican fármacos para mejorar la vida de las personas. Unas personas, lxs habitantes, que ven sus vidas perjudicadas por la contaminación ambiental extrema de dicha empresa farmacéutica, haciendo que la gente enferme, como la mujer de Winston, fallecida por un cáncer. Aun así, Winston sigue trabajando para sobrevivir con su hijastro. Una supervivencia rodeada de codicia, ambición, falta de ética, egotrips y guiada por el dinero. Una supervivencia rodeada de toxicidad. Pero todo cambia cuando, por accidente, Winston es arrojado en un tanque de un componente químico donde se transforma en ‘toxie’. Es ahí donde la toxicidad cambia de bando. Es ahí donde despierta ‘The toxic avenger’, limpiando la ciudad con su mocho.
Macon Blair realiza un film con tintes de serie B donde la ironía es conductora de la narración. Una ironía que le sirve para dialogar con temas como la contaminación medioambiental, el sistema hipercapitalista, los individuos extremamente ególatras, los márgenes, y la sublevación y la imposibilidad de acción de las personas de a pie. Y lo hace con un gran reparto y teniendo presente un estilo muy bien definido durante todo el metraje. Un estilo donde lo absurdo se llena de significado para vislumbrar más el trasfondo. La forma le importa. Y le importa justamente como contraposición y, a la vez, conjunción de dicho significado.
‘The toxic avenger’, aunque se distancia de la película original de 1984 por su actualización al contexto actual, es un film divertido, con grandes interpretaciones, con lo absurdo por bandera para hablar de temas actuales que nos preocupan a todxs, y con esencia propia.

