Ocupar diferentes espacios, desde diferentes cuerpos. La vida de un padre (Tomasín Padrón) y una hija (Yasmina Estupiñán) rota por la ausencia de la madre, que no está de cuerpo presente. La unión, la lucha canaria. Un deporte al que la hija quiere participar y al padre se le niega porque su cuerpo no responde ante él. En ese enlace de espacios y cuerpos, ambos intentan buscar un punto medio que, después del fallecimiento de la madre, no consiguen encontrar. Unos (des)encuentros que lxs relegan, en lo privado, a la separación y que la lucha canaria, la esfera pública, los confronta.
Una confrontación que relega al padre a vivir en una caravana y a la hija a vivir en la casa familiar, rodeados de un paisaje desértico, donde la palabra no comunica. La palabra sólo confronta ante los gestos diarios que los alejan cada vez más y que se reúnen en el ring de la lucha. Una lucha que confronta cuerpo con cuerpo, fundamentada en el contacto. Un contacto regulado pero, en dicho espacio, la hija decide romper por la imposibilidad de usar la palabra frente al duelo que guarda con su madre. Una rotura que llevará a padre e hija a romper espacios, a ir más allá del cuerpo y a romper el silencio con la palabra.
José Ángel Alayón nos muestra los espacios y los cuerpos que ocupamos cuando, precisamente, alguien querido ya no se sitúa en ellos. La ausencia como modificador de nuestras relaciones y también del modo en que los espacios y nuestros cuerpos interactúan porque, precisamente, éstos se han resignificado. Una resignificación que se relaciona directamente con el paisaje árido de Fuerteventura pero también con el contacto físico de la lucha canaria. Resignificación que, en la ausencia de la madre, nos sitúa en un punto nuevo.
‘La lucha’ es el reencuentro desde diferentes espacios, ocupando diferentes cuerpos que realizan puntos de partida distintos pero con aquello que nos ha hecho llegar aquí.

