Raúl (Leonardo Sbaraglia) es director de cine y actualmente está escribiendo su próximo guión. En él, Elsa (Bárbara Lennie) es una directora de publicidad que, un día repentino, sufre un ataque de pánico. Un ataque que la ayuda a salir del refugio en el que se había convertido su trabajo. Un trabajo que la refugiaba del duelo de su madre, fallecida en el puente de Diciembre y que la llevó a pasar una ‘Amarga Navidad’. En esa pausa, se refugia en una isla. Isla que la devuelve a escribir ficción. Una ficción, la que a la vez escribe Raúl, que se sirve de la realidad,que la atraviesa.
El deseo de contarnos, con lo difícil que es hacerlo siéndonos fieles a nosotrxs mismxs. La realidad y la ficción es un juego intrincado de códigos y correspondencias muy usual. Una normalidad, este juego, que en ‘Amarga Navidad’ funciona a modo de matrioska. No porque vayamos de fuera hacia dentro sino porque vamos solapando capas de realidad y nuestras subjetividades, de aquello que nos parece verídico y lo ficcional. Unas intersubjetividades que mezclan a Elsa (Bárbara Lennie) y Mónica (Aitana Sánchez-Gijón), pero que también se vislumbran en Raúl (Leonardo Sbaraglia) o incluso en Natalia (Milena Smit) o Santi (Quim Gutiérrez). Aquí las diversas subjetividades, con el juego de lo real y lo ficcional, toman forma en lo relacional.
Es dicha relación, que vislumbra lo dividual -como diría Deleuze- lo que nos devuelve las verdades que nos atraviesan como sujetos que, precisamente, constituyen dichas relaciones. Relaciones que el director va entrelazando, también, con diversos tipos de escritura: la fílmica y la literaria. Unos tipos de escritura que le permiten contarles y contarnos, dentro y fuera de la pantalla, a través de imágenes cercanas a la pintura y diálogos cercanos a la literatura. Y todo ello con pinceladas de melodrama almodovariano.
‘Amarga navidad’ es el modo en que nos escribimos. Es cómo nos narramos.

