Una vida anodina, en un suburbio de Londres. Del trabajo a casa y de casa, otra vez, al trabajo. Para romper la rutina, cantar en un coro de navidad. Es allí, durante dichas festividades, donde Colin (Harry Melling) cantando en un pub, fija la mirada en Ray (Alexander Skarsgård), un motero revestido en cuero y con actitud dominante. Un fijar la mirada que, mientras está con otro hombre en otra cita, no puede apartar, a pesar de su timidez, de ser un hombre reservado, de situarse en lo rutinario. Una rutina que aquella noche le cambia cuando interactúa finalmente con Ray. Una interactuación que lo llevará a una relación amorosa con condiciones. Unas condiciones que le mostrarán que el amor sí tiene condiciones, siempre. Unas condiciones que lo llevan a subirse en el ‘Pillion’, de pasajero pero protagonista de su propia vida.
Un amor con condiciones que, en este caso, se enmarcan dentro de una relación BDSM. Una relación amorosa donde los roles dentro de ésta están muy definidos. Una definición de dichas condiciones que, con el paso del tiempo, se van reformulando, se van reconfigurando acorde a las personas que integran dicha relación. El conflicto, aquí, es romper con aquello establecido. Una rotura que sitúa a los protagonistas de este romance en unas posiciones en constante cambio.
Harry Lighton, basándose en el libro de Adam Mars-Jones, dibuja una película sobre un romance entre dos hombres donde no se cuestiona si es amor o sexo lo que hay entre ellos, sino el modo en qué se configura dicho amor y qué pasa cuando lo establecido en primera instancia se modifica. En últimas, como muestra el director, siempre nos queda el amor propio que, aunque puesto en relación con otros sí tiene condiciones, es aquel que se acerca al amor más puro que podríamos sentir -si es que realmente dicho tipo de amor existe-.
‘Pillion’ es acompañar a Colin en su primer amor. Un acompañamiento poco usual por la naturaleza de su relación pero que puede decirnos mucho de cómo nos aproximamos al amor romántico. Un amor con condiciones -como es usual- que Harry Lighton dibuja muy bien con la cámara, en cada fotograma.

