Nacer en un mundo capitalizado, que comercia con tu cuerpo. Esta idea es capital en ‘Hen’ realizada por el director griego György Pálfi. Un film donde una gallina escapa de la granja industrial donde ha nacido. Una gallina que, al contrario que sus semejantes, tiene el plumaje negro. Un plumaje que la salva, en principio, de un fatídico final. Una salvación que la lleva a deambular por campos, a ser perseguida por un zorro, a subirse a camiones llenos de grano, y que la acaba aterrizando en un restaurante en ruinas de la costa griega. Un restaurante donde vive un hombre, que codicia sus huevos, junto a su hija y su yerno. Un yerno que dedica su tiempo a negocios turbios, con mafiosos que controlan la costa del país mediterráneo. Un periplo que vivimos, al lado de ella.
Y es ese periplo, ese punto de vista, el que cambia toda la historia que el director pretende reflejar. Una historia en la que sitúa la cámara a la altura de la gallina protagonista, una decisión fílmica que nos muestra un mundo amenazante, peligroso, donde la ley del más fuerte -léase: la ley del que tiene más capital, ya sea simbólico o monetario- es la que se aplica. Un capital que, en últimas, acaba impregnando todo el entorno, incluso al hombre codicioso que le roba sus huevos. Un capital que se reproduce en la jerarquía porque ésta le vale para imponerse sin justificar su inhumanidad, tanto al principio de la película, en esa granja industrial, como al final, cuando el hombre se redime. Y se redime justo por la dominación de dicha jerarquía.
‘Hen’ es una película que circula entre la comedia y la tragedia. Éstas no se dan en el mismo tiempo, pero si residen en el mismo lugar. Un lugar, siempre al margen, donde al final solo los renegadxs, podrían salvarse del comercio sobre el propio cuerpo.

