Rumanía, 1989. El año está por acabar y se aproxima una revolución colectiva, individual y televisiva. El especial para RTVRumanía está en preparación, hasta que la presentadora deserta. La adultez de dos jóvenes está por iniciar pero primero tienen que cruzar la frontera. Papá Nieves está por traer los regalos que le han pedido los niños en sus cartas, siempre que dichos regalos no atenten contra la vida del líder. Una mujer debe abandonar su casa de toda la vida para vivir en un bloque de pisos, todos iguales, con 44 metros cuadrados. Y la carrera de una actriz está a punto de despegar, despegue que se realizará para la televisión del régimen. Todo parece que avanza, pero se estanca. Todo parece que cambia, pero se mantiene. Como ‘el año nuevo que nunca llegó’.
Un final de año, de aquel 1989 en Rumanía, donde lo establecido se distorsiona para dar paso a una normalidad aparente. Una normalidad que nuestros protagonistas estan hartxs de reproducir sin cesar, con tal de que la maquinaria -que chirría por todos lados- se imponga ante ellxs. Una maquinaria construida sobre el miedo y la represión. Miedo y represión que, tras tanta convivencia, la población ha aprendido a desprenderse de estos.
Así, la inocencia mostrada a través del niño deslumbra verdad. La obediencia del padre trabajador se transforma en rebeldía. La búsqueda de un futuro mejor de los jóvenes se convierte en una tela de araña. La mujer que le toca abandonar su casa descubre la lucha por la memoria individual. Y la actriz que la implicación individual puede cambiar las cosas.
Bogdan Mureşanu realiza un mosaico fílmico donde los personajes dibujan diversos puntos de vista sobre un hecho histórico concreto de la historia reciente de Rumanía: la caída del dictador comunista Nicolae Ceauşescu en Diciembre de 1989. Y lo hace sacándole el despunte humorístico en la tragedia del momento. Un momento de efervescencia colectiva, establecido en el caos individual y que pide una transformación social.
‘El año nuevo que nunca llegó’ es una aproximación a un momento histórico, desde lo individual a lo colectivo, muy bien ligado para, precisamente, entender todos los puntos de vista de lxs oprimidxs.

