Un planeta lejano pero cerca de nosotrxs. La paradoja de la distancia: lo cotidiano que, observado desde la lejanía, se vuelve extraño. Una extrañeza que juega con el símil. ‘Como todo mortal’ juega a lo micro y lo macro, a lo externo y lo interno, al fragmento y la totalidad a través de lo orgánico y lo mecánico, de la vida y la muerte, y el modo en que las entendemos. Un entendimiento que parte de la extracción. Desde la colonización espacial de Marte hasta la colonización de las tierras murcianas, en una mina donde, desde largo tiempo, se ha estado extrayendo mineral. Un mineral que tiñe el río de rojo. Un rojo color sangre. Como la sangre que emana de la herida de Santa Bárbara.
María Molina Peiró realiza un documental donde las tierras murcianas se fusionan con los paisajes de Marte. Una fusión que remarca la distancia y, a la vez, la proximidad de nuestro acercamiento al espacio. Un espacio fragmentado, donde planea la idea de aterrizar, y donde el universo, ya sea individual o colectivo, no sabemos si se muestra como una totalidad o una parcialidad debido al tiempo que nos circunda. Un espacio y un tiempo que devuelve a las personas a su condición de parte relegándolas del todo centrista, acercándolas a la simbiosis y no a la ley darwinista-capitalista.
Una simbiosis que nos descentra para ponernos como parte de una totalidad que no alcanzamos a ver, a apreciar, por nuestro espacio y tiempo limitado. Una relación entre la parte y el todo que nos da una nueva perspectiva porque nos hace interrogar sobre qué lugar ocupamos. Al final, en ‘Como todo mortal’ es la interactuación, el diálogo que surge en las zonas medias, lo que queda entre lo extra e intraterrestre, lo que puede intentar explicarnos.

