La importancia de la narración. De la narración de un episodio traumático de tu vida para las generaciones futuras, para tu hija. Como un cuento, realizado a modo de video-diario, Mailín reconstruye su infancia. Una infancia feliz pero desaparecida de su memoria por un agujero negro, un suceso traumático que hizo que ésta se desvaneciera de su memoria. Una memoria que intenta reconstruir narrándosela a su hija, con fragmentos de VHS, con percepciones, con las distintas voces de familiares y amigxs. Una reconstrucción fragmentaria que le ayuda a desvelar los abusos que sufrió durante su infancia y adolescencia por parte del cura de su parroquia. Unas narraciones que encumbran a otras mujeres a alzar su voz frente al abuso. Una narración fragmentada, llena de dolor y miedo, pero que, en últimas, aporta la luz necesaria para vislumbrar lo sucedido, alzar la voz y mostrar a las generaciones futuras que el compartir, lo plural, nos ayuda a superarlo.
Una narración que se sirve fílmicamente del inicio de lo fantástico, de un bosque donde, a modo de cuento, inicia un relato que se va oscureciendo, como la cinta VHS casi desmagnetizada porque Mailín la ha visionado muchas veces. Unas visiones que intentaban traer luz a su memoria sobre lo sucedido. Unos visionados que se desvanecen, como en el cuento que le relata a su hija, porque aparece un agujero negro en el fotograma. Un agujero que lo absorbe todo, que no devuelve nada.
María Silvia Esteve realiza un documental que construye desde el fragmento, asimilando el visionado a la reconstrucción de la memoria que hace Mailín. Una reconstrucción que, con el hilo conductor del formato de cuento, vamos viendo el modo en que se van uniendo las piezas para visionar, en últimas, un relato de terror. Un relato que, a pesar del dolor, puede traernos el alzamiento de unas voces plurales frente al agujero negro que visionamos en el fotograma, puede devolvernos la memoria.

