Entre lo adulto y lo teen. Judith (Lorena Iglesias) se ve atrapada, tras intentar salvar a su gato dejando su puesto de bibliotecaria en mano de unos góticxs que asisten a la presentación de una novela gótica, en la burocracia. Una burocracia que, a sus 42 años, le otorga, por error, una beca económica para finalizar su carrera. Una carrera que dejó por sus sueños de juventud, y una juventud que vuelve a ella desde la generación Z, con sus contradicciones y revelaciones. Una ‘Millennial Mal’ con una buena filosofía de GenZ: edad del pavo, si. Cuello de pavo, no. Un mantra que se repetirá hasta creérselo.
Un mantra que Claudia (Victoria Oliver) y Sofía (Paula Gala) se encargarán de que cumpla a través de outfits, complementos, vocabulario y actitudes. Una actitud que hará que se aproxime a la GenZ, siendo parte de ella, pero sin ser capaz de entenderla desde su prisma de millennial. Unas estereotipaciones entre dos generaciones que la llevan a contradicciones pero, a la vez, a varias revelaciones. La contradicción entre lo adulto y lo juvenil y, en ésta, la revelación de que la juventud puede vivirse, de nuevo, en la adultez. En ese cruce contradictorio y revelador es donde se perfila el humor.
Un humor que Lorena Iglesias y Andrea Jaurrieta instauran con imágenes frescas y diálogos afilados. Un humor que reside en cómo nos relacionamos desde diferentes backgrounds, desde diferentes posiciones y el modo en que intentamos ocupar de nuevas reformulándonos. Una reformulación sin vergüenza, con mucho carisma y haciendo énfasis en la xenoeuforia: pertenecer a través de la diferencia, no pese a ella.

