‘TIP TOE’ O CÓMO EL TECNOFEUDALISMO CAPITALISTA CREA MONSTRUOS

‘Tip toe’ empieza por un doloroso final. Un final resultado de la desinformación que lleva al heteropatriarcado al uso de la violencia como única respuesta a la alienación que el tecnocapitalismo ejerce sobre los individuos. Russell T. Davies, el creador de la serie, hace, así, énfasis en el proceso, en cómo se ha llegado a dicho final. Y lo hace partiendo de lo privado, resaltando que lo personal es político. Para ello, cuenta la historia de Clive Goss (David Morrissey), un padre de dos adolescentes que sobrevive con los trabajos esporádicos que le salen como lampista, y la historia de Leo Struthers (Alan Cumming), un hombre gay de 59 años que gestiona un bar en Canal Street, la calle LGTBIQ+ situada en Manchester. El punto de unión de ambas historias es que Clive y Leo son vecinos. Unos vecinos que no tienen mucha relación y han convivido durante 15 años sin ningún tipo de problema. Hasta que Leo se queda fuera de casa y le pide a Clive si puede usar su teléfono para llamar a su amiga Stephanie (Elizabeth Berrington) para que le traiga una llave de repuesto y poder entrar. A partir de ahí, las interactuaciones entre ambos personajes irán a más, adentrándose Clive en la privacidad de Leo y desatando unas consecuencias irreversibles para ambos. 

Unas consecuencias que en el primer capítulo se sintetizan en una conversación que tiene Leo con su mejor amigo Melba (Paul Rhys) en la que se expresa el odio, siempre latente, que ejerce el heteropatriarcado sobre la comunidad LGTBIQ+ y que, debido al tecnofeudalismo aliado con el capital, ahora se ha explicitado en una amenaza real, desdibujando todos los derechos conseguidos hasta el presente. Por el contrario, en el capitulo dos, vemos la creación de un monstruo. Ese monstruo es el tecnofeudalismo capitalista hablando a través de individuos concretos. En este caso, hablando a través de Clive, y mostrándonos cómo éste asimila e interioriza los discursos de odio propagados por la desinformación extendida por internet. En el tercer capitulo vemos que los discursos de odio han calado profundamente en el personaje de Clive y se asientan, para él, como un deber que va más allá de su vida, que justifica sus acciones por un bien común. Un bien inexistente ya que su propia familia se desmorona, precisamente, por la alienación que los discursos tecnocapitalistas ejercen sobre los individuos y que llevan, por ejemplo, a su hijo Saul (Joseph Evans) a vender su cuerpo en Onlyfans o a su otro hijo George (Jackson Connor) a esconder su homosexualidad imponiéndose el autorechazo. En el capítulo cuarto, todo lo que se ha ido tejiendo anteriormente entre ambos personajes principales explota llevando a Clive a agredir a Leo. Una agresión que desemboca en una verdad para Clive que ha estado ocultando: el tecnofeudalismo capitalista lo quiere infeliz porque, desde esa posición, sólo le queda la rabia y la desesperación. Una rabia y una desesperación que lo hacen altamente manipulable. Cuando llegamos al capitulo cinco, vemos la explosión final. Vemos las consecuencias de crear a monstruos como Clive. Vemos cómo dichos monstruos se crecen en una especie de efervescencia colectiva, que se expresa a través de la violencia, dirigida a aquello diferente. Una violencia guiada por unos discursos estandarizados de odio propagados por la desinformación del algoritmo. Una violencia devastadora. 

‘Tip Toe’ disecciona, en cinco capítulos, el modo en que el tecnofeudalismo capitalista aliena a las personas y crea monstruos. Unos monstruos que sólo saben actuar desde la violencia porque el algoritmo los ha deshumanizado con discursos preestablecidos donde no cabe la actitud crítica. Russell T. Davies lo expresa a través de un excelente guión, donde los tiempos —la serie narra a penas diez días— están mostrados como un engranaje de un reloj suizo para transmitirnos la tensión creciente en cada pequeña interactuación entre ambos personajes principales. Una tensión que Peter Hoar nos muestra a través de la mezcla de espacios privados —las casas de ambos personajes— y espacios públicos —el bar de Leo—. 

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