‘RELATOS SALVAJES’ O CÓMO LO SALVAJE TIENE SU RAZÓN DE SER

Cuesta diferenciar entre el bien y el mal. Más bien, cuesta diferenciar entre lo que es el bien del mal. En medio, está lo justo. Y lo justo, no siempre es equitativo. El comportamiento humano no es equitativo. Es un impulso. Impulso justamente influenciado por la razón. Razón que describe para sí mismos lo que es el bien y el mal. Entre dos aguas; entre el bien y el mal, se mueven nuestros relatos. A veces, ‘Relatos salvajes’.

Seis episodios. Seis que relacionan la desesperación humana. Una desesperación marcada por el mal de las personas y por la ultranza final del bien. El bien como fin último personal. Aquello que nos aferra a nuestros más instintos animales es aquello que nos devolverá la racionalidad de nuestros hechos; nuestros comportamientos.

El retorno de una novia defraudada por la infidelidad de su marido a los brazos de éste, la desesperación de un padre ante el estima de su familia, la impotencia de una hija ante el que provocó el suicidio de su padre, la arrogancia de la apariencia en la carretera, las consecuencias mortales del comportamiento humano sin control, y un rechazo personal que ha generado odio.

El mínimo común denominador es la venganza. Venganza como epicentro del bien y del mal. De convertir lo que uno siente como mal, en el bien. El camino es la diferencia. Es la parte de la ecuación que conlleva, justamente, lo irracional a lo racional; el comportamiento a un comportamiento humano; el relato a que sea salvaje.

En el fondo, es una cuestión de justicia. Justicia como aquella manera de obrar. Obrar y obrar bien, desde la sabiduría. Pero el obrar bien no siempre es justo. El camino del bien, a veces, se hace desde el mal. 

Seis relatos. Seis episodios que nos llevan a lo más oscuro del comportamiento humano para, después, resurgir de las cenizas. Cenizas que muestran que ahí, antes, ha habido fuego. Pero un fuego justo con uno mismo. Un comportamiento salvaje inerte en lo humano. La parte animal sale, pero sale para reforzar, o no, nuestra parte más racional.

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