‘HARRY POTTER’ O CÓMO DEFINIR LO BRITÁNICO EN LA CONTEMPORANEIDAD

Los estereotipos son malos. Eso dicen. También dicen que nos crean una imagen homogénea de las personas a las que los aplicamos, sin distinguir entre la particularidad. La verdad que el estereotipo no es un buen encuentro entre lo macro y lo micro en cuanto a estudios sociales se refiere. Más bien es una guía, poco adaptada a la realidad, de la cual nos servimos todos: los que estereotipamos y los estereotipados. En todas nuestras facetas de nuestra vida.

El cine hace un papel primordial en este juego. Crea, difunde y los mantiene pero, a la vez, nos trae estereotipos del presente como si fueran del pasado; como si no hubieran cambiado en el tiempo cuando, en lo último, son estereotipos de creación contemporánea.

Desde el punto de vista antropológico, dichos estereotipos son ‘necesarios’ a la hora de crear esquemas. Esquemas que utilizamos para encuadrar un lenguaje que, limitado, no puede describir nuestro entorno y, por ende, mucho menos explicarlo y hacérnoslo aprehender. La imagen visual y lo auditivo inserto en el frame se sirve de eso mismo para buscar una correspondencia entre lo que se muestra y el espectador/a. Es como una especie de supracódigo del lenguaje. Supracódigo muy poderoso y, mal empleado, muy peligroso.

Harry Potter es un buen ejemplo de ello. Todas sus películas constituyen una construcción de ‘lo británico’ con una serie de características que recrean, a la vez, los estereotipos insertos en el espectador los cuales se creen permanentes en el tiempo. Estereotipos que, por otro lado, se sirven de una simbología y de unas referencias de, específicamente, Londres como ciudad que define a un país y, país, que define un estilo de vida. Estilo de vida que, en la particularidad, no tiene casi ninguna correspondencia con la realidad.

Concretamente, en la saga de Harry Potter hay un patrón que se repite en todas las películas como una especie de situacionismo conductivista. Es decir, poner en situación al espectador mostrándole el estilo de vida británica. 

En cada film se puede ver en los primeros 30 minutos algún lugar de Londres y, por ende, la gente que forma dicho escenario, dicho lugar, haciendo algo que conduce al espectador a relacionarlo con conductas arraigadas allí.

En ‘Harry Potter y la piedra filosofal’ se puede ver el puente de la abadía de Westminster y el Big Ben, así como la estación de King’s Cross. Ambos símbolos arquitectónicos de Londres y puntos referentes en la ciudad los cuales juegan un papel característico en la definición de la identidad de ésta. En ‘Harry Potter y la cámara secreta’ también aparece la estación de King’s Cross pero esta vez desde un punto de vista diferente.

Cuando visionamos la tercera película de la saga, ‘Harry Potter y el prisionero de Azkaban’, las referencias que nos muestran son más afines al comportamiento contemporáneo. En este film,  Harry (Daniel Radcliffe) coge el bus para ir al caldero chorreante. Dicho bus es de 3 plantas, haciendo referencia al icónico autobús rojo de dos plantas que a todxs nos viene a la mente. En la escena siguiente, el bus pasa por el puente de Lambeth y pasa entre dos autobuses rojos que, para no chocar, la cabeza que conduce utiliza la magia —lógicamente— para estrechar el bus. Pero antes, le dice a Harry: ‘Mind your head’.

Esta secuencia de la tercera película refiere un punto clave en la ciudad de Londres que ha modificado el comportamiento contemporáneo en este último siglo: el transporte público. Concretamente el metro, ya que la ciudad es casi inviable en coche y el metro es un punto identitario de la ciudad, de ahí que la cabeza parlante haga referencia a la frase ‘Mind your head’.

En la cuarta película, ‘ Harry Potter y el cáliz de fuego’, es la única en la que no se hace referencia a la ciudad de Londres de un modo visual.

En la quinta, en las primeras escenas, montados sobre escobas voladoras, sobrevuelan Londres a través del Támesis pudiéndose ver el Tower Bridge, la abadía de Westminster, el Golden Eye hasta llegar a Clermont Square, donde se muestra la arquitectura londinense característica por el uso del ladrillo y la estrechez de las casas. 

En ‘Harry Potter y el misterio del príncipe’, la sexta, volvemos a visionar  referencias a la ciudad de Londres. Esta vez desde otro punto de vista, pero con la misma fórmula que en los films precedentes: mostrar un patrimonio cultural arquitectónico como símbolo de identidad británica y, ahondando más en la escena, la destrucción de éste por los Mortífagos. Así, podemos ver el Millenium Bridge destrozado por estos, la catedral de Saint Paul, la torre de oficinas situada en City of London, Trafalgar Square y el museo de arte moderno Tate. Referencias, todas ellas, a un patrimonio arquitectónico tradicional y moderno. Simbologías, todas ellas, que muestran un carácter identitario formado por la fusión de lo tradicional y lo moderno.

‘Harry Potter y las reliquias de la muerte’, dividida en dos partes, es la última película de la saga. En ella podemos ver dos referencias clave. La primera es a la plaza de Picadilly Circus y Shaftesbury Avenue, destacada por ser la avenida de los teatros. La segunda es al edificio de la embajada australiana el cual se utilizó como escenario para el banco de Gringots.

Ambas hacen referencia a lo tradicional y lo contemporáneo. Hacen referencia a un pasado histórico compartido que ha creado el actual: la referencia a Shaftesbury Avenue es debido a la costumbre que había, y hay, en Londres de ir al teatro —incluso Hermione (Emma Watson) menciona que solía ir con sus padres al teatro en dicha avenida—.  Que el banco de Gringots sea la embajada australiana en Londres es otra referencia a la colonia británica australiana como parte de la formación de lo que actualmente conocemos como ‘lo británico’.

Lo que vemos a través de las películas de Harry Potter no es sólo la ciudad de Londres, es una construcción de un estilo de vida, de una identidad colectiva británica y de una construcción de estereotipos conducidos por una simbología situada en el presente y en el pasado; en lo tradicional y lo moderno. En definitiva, lo que vemos son un tipo de correspondencias entre el imaginario preexistente del espectador ante el film, una nueva reformulación de dicho imaginario al visualizar la película y una creación de nuevos estereotipos como resultado final. No sólo en el espectador global, sino en el espectador británico también. Es, por así decirlo, una reformulación del supracódigo

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