‘L’OFRENA’ O CÓMO HEMOS PASADO A CREERNOS NUESTRXS PROPIOS DIOSXS

Violeta (Anna Alarcón) ayuda a personas cada día en su consulta. Después llega a su casa, se da una ducha y cena con su familia. Rita (Veronica Echegui), después de intentar suicidarse, necesita la ayuda psicológica de Violeta (Anna Alarcón). Una ayuda que, en un descuido, hace que se olvide una carpeta llena de recuerdos. Recuerdos que, al ser encontrados por Violeta (Anna Alarcón), llevan a esta a un amor perdido de hace 20 años. Amor que sentía por Jan (Alex Brendemühl) y que marcó su vida hasta el momento presente. Presente que se verá modificado cuando las piezas de este rompecabezas empiecen a, supuestamente, encajar. Piezas que encajaran según voluntades, y voluntades —las últimas— que requerirán de sacrificios. Sacrificios y ofrendas: ‘L’ofrena’

Ofrendas como medio de obtención y desprendimiento de algo. Ofrecer, a una causa noble, una deidad, un santo, una cosa o un hecho como muestra de reconocimiento. Un reconocimiento que lleva a lo reverenciado a un nivel de conexión que desprende, intrínsecamente, lo humano que hay en ello. ‘Ulises’, el programa de ultimas voluntades que gestiona Jan (Alex Brendemühl) es una ofrenda del perdón redimido para los egos ultradesarrollados que todxs llevamos. Es la conexión entre las piezas del rompecabezas. Un rompecabezas, formado por tres piezas y diseñado hace 20 años, que no encaja.

La primera pieza representa un perdón en diferido para tranquilizar el ego. Es un ofrecimiento para que tu entorno se convierta en algo parecido a lo estable, a lo que nos gustaría que hubiese sido pero sin serlo. Es una pieza que mueve las otras para arreglarlo todo pero, sobretodo, arreglarse él mismo, que es lo que mas anhela. 

La segunda pieza es la pérdida de la capacidad de amar, medicada por las pastillas; envenenada de tanto amor que dio. 

La tercera pieza es una justificación de nuestras acciones. Una ofrenda para satisfacer a nuestro ego; nuestro Dios moderno que nos impera sin respetarnos. Son las consecuencias de nuestras voluntades sin mirar más allá de ellas.

Ventura Durall nos (re)presenta el concepto de ofrenda; de ritual de paso. Nos lleva a ver los mecanismos modernos que hacemos que actúen sobre el remordimiento de unx para llegar al sosiego personal. Nos presenta una historia donde lo mítico, independientemente de lo positivo o negativo que haya en ello, se glorifica. Una intención humana —y por ende, errática— de voluntad de reescirbir nuestra(s) historia(s). 

‘L’ofrena’ es dar para recibir; es LA obra audiovisual sobre el mito moderno que invade nuestro(s) ser(es). 

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