‘THE DARK & THE WICKED’ O CÓMO HACER UNA CRÍTICA AL MACHISMO IMPERANTE

El último suspiro, un hombre inhala y exhala su último aliento en un estado que no le permite preocuparse por otra cosa que por realizar este. Lentamente muriendo, los hijxs llegan a la granja donde reside su padre y donde su madre se ocupa de todos los trabajos de esta: cuidar las ovejas, hacer de cocinar, trabajar en el taller de costura, cuidar de los hijxs y del marido convaleciente. Llegar para dar su último adiós al padre. Un adiós que se verá truncado cuando lo que parece una despedida inminente es, en cambio, una bienvenida a aquello oscuro y embrujado que siempre ha estado ahí. Un florecimiento del mal que impera en todxs nosotrxs y que somete a la mitad de la población: aquello ‘dark and the wicked’

Una semana, eso es lo que Louise (Marin Ireland) y Michael (Michael Abbot Jr.) tardan en despedirse de su padre convaleciente. Una despedida en la granja familiar en medio de la nada. Una nada que se ve invadida por un aurea capaz de enloquecer a cualquiera, aunque dicho cualquiera se sitúe en el camino recto. Camino, por otro lado, que se ve delimitado y centrado en la figura del padre. Un padre que, pasivo con su entorno, tiene una influencia enorme sobre él. Un entorno que, por males ajenos, llega a fecundar el horror en el seno de la familia. 

Lo sutil está ganando terreno. Una sutileza que inclina las formas sociales de relación dentro de unos códigos arcaicos donde, en medio de esa nada donde habitan Louise (Marin Ireland) y Michael (Michael Abbot Jr.), prenden un aurea dominada por un machismo imperante e invisible, como el propio mal, anunciado por el aullido del lobo. 

La división del trabajo social es un mecanismo de control sobre las personas y la solidaridad dada entre ellas. La división excesiva de las tareas por sexo genera una interdependencia del individuo alta, hecho que genera mayor conflicto social llevando a un pensamiento de lo colectivo fragmentado. División del trabajo que condena a la reproducción social al sexo femenino —ya sea generando individuxs y/o cuidando de ellxs— y a la producción material y de conocimiento al sexo masculino.

Por eso Michael (Michael Abbot Jr.) le pregunta a Louise (Marin Ireland) si sigue trabajando en la oficina de correos, a lo que ella le responde que no. Por eso Louise (Marin Ireland) se queda en la granja a cuidar del padre, mientras Michael (Michael Abbot Jr.) intenta recuperar su familia. Por eso la madre se ve relegada a mantener y cuidar de la casa. Una casa que se hunde, que se ve invadida por aquello externo.

Bryan Bertino nos sumerge en un clásico de terror donde tanto lo sutil como lo evidente es lo que parece. Es lo que parece cuando la mente parece que nos miente. Una obra audiovisual donde los primeros siete minutos son cruciales, donde en esos primeros minutos no vemos las cosas de frente, en la pantalla, pero las intuimos. Un film donde la lectura extraída de él es de vital importancia en nuestros días.

‘The dark and the wicked’ es la prueba de que, aunque seres sociales, la soledad nos invade. Es la prueba de que, como seres sociales, somos seres destructivos por supervivencia.

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