‘CRASH’ O CÓMO EL CAOS NOS TRAE ORDEN

La inercia. Verse arrastrado y arrestado por las circunstancias. Circunstancias que un día James Ballard (James Spader) hace que provoquen un accidente de coche con Helen (Holly Hunter) y su marido. Accidente donde el marido de ésta muere y ellxs son llevados al hospital del aeropuerto. Hospital donde, en la solitud, en el pasillo, se verán relegados a la inercia de aquel accidente, al resultado de la energía desprendida en aquel choque, relegados a aquel big-bang donde el cuerpo humano se confunde con el coche, con la máquina. Todo provocado por una colisión, por un ‘Crash’. ‘Crash’ como el inicio.

Un inicio que James (James Spader) y Catherine Ballard (Deborah Kara Unger) les parece, en su vida, en su monotonía y en su cotidianidad, un buen comienzo que les hace llegar más allá de sus cuerpos y que, a la vez, los concentra en ellos. Una concentración que los llevará a la adrenalina de aquello que colisiona, que los confunde y que, en últimas, encenderá su pasión, reconectándolos. 

Reconexión con aquello desconocido, con las máquinas. La configuración de un cuerpo por aquello mecanizado, artificial; tecnología, y su fracaso, como lo esencialmente humano. Vaughan (Elias Koteas) es el resumen de ello: es la inercia, la máquina, lo humano, la colisión, la energía desprendida, la pasión, la reconexión, es el tiempo, es lo efímero, es el todo y, de repente en un accidente automovilístico, es la nada. 

Accidentes donde los coches son un instrumento, una vía donde crearse y recrearse, ya sea a unx mismx o a aquello ajeno. Como Vaughan (Elias Koteas) busca en la recreación de accidentes automovilísticos mortales de las estrellas del Hollywood dorado, como James Dean. Esa glorificación del caos. 

Caos que desprende el cine y que nos lleva a estar dentro de él, ya sea por la muerte y glorificación de lo trágico en una época dorada o por el trabajo de James Ballard (James Spader). Unas autoreferencias al séptimo arte de las cicatrices visuales y auditivas que dejan las directoras y directores anteriores.

David Cronenberg nos introduce en un mundo de imágenes atractivas y, a la vez, desagradables donde lo que oímos es tan estridente como aquello que nos provoca. Es una muestra, revisitada, del trato hacía el propio cuerpo y al ajeno, de la tecnología en él, y de las relaciones sociales. 

‘Crash’ es el coche, el accidente y las cicatrices como metodología relacional humana.  

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