‘TENGO MIEDO TORERO’ O CÓMO CADA GESTO ES UN ACTO SUBVERSIVO

Años 80 del pasado siglo. Entre un cuerpo masculino y una esencia femenina se sitúa La loca del Frente (Alfredo Castro), una artista transgénero que sobrevive cosiendo y bordando manteles para la clase dirigente. Una clase dirigente que, a través de la dictadura de Pinochet, oprime, maltrata, encarcela y ejecuta a todo aquello fuera de sus parámetros. Parámetros que conllevan el control y la prohibición de la cultura, de los espectáculos, de los libros, por ejemplo. Cajas de ‘libros’ que Carlos (Leonardo Ortizgris) le pide que guarde la Loca del Frente en su casa como favor por haberlx salvado, de la policía, de una redada en un bar LGTB. ‘Tengo miedo torero’ es, en un contexto desolador, seguir, con cada gesto, aunque sólo sea por curiosidad. 

Una curiosidad que lleva a La Loca del Frente (Alfredo Castro) a ver qué hay en las ‘cajas de libros’ que guarda de Carlos (Leonardo Ortizgris) en su casa. Una casa que se convierte en testigo de diversas revoluciones: todas en paralelo, todas a la vez, todas en diferentes contextos. Unas revoluciones dirigidas hacia la dictadura de Pinochet y, a la vez, dirigidas hacia Carlos (Leonardo Ortizgris) y La Loca del Frente (Alfredo Castro) sacudiendo sus estándares.

Unos estándares donde el gesto, la actuación, lo performativo toma significado para con una realidad que es más terrorífica que aquello desconocido, y donde la música, la melodía que inserimos es capaz de ser parte fundamental de las revoluciones. Unas revoluciones donde el fin es el mismo pero el cuerpo combatiente y el constructo que lo mueve es diverso.  Al igual que en la relación entre Carlos (Leonardo Ortizgris) y La Loca del Frente (Alfredo Castro) el constructo es el mismo desde cuerpos diversificados. 

Rodrigo Sepúlveda nos enfrenta a la realidad chilena de la dictadura de Pinochet trayendo, a la imagen, el libro de Pedro Lemebel. Una historia sobre el poder del gesto en la vida diaria, las revoluciones individuales y colectivas, y el poder de las personas para cambiar nuestro entorno. 

Tengo miedo torero’ es un gesto subversivo para guiarnos en la revolución. 

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