‘GOD EXISTS, HER NAME IS PETRUNYA’ O CÓMO DERROCAR EL SISTEMA USANDO LA TRADICIÓN

Lo tradicional, lo repetitivo. Aquello en lo que nos situamos por inercia. Un rito cada mes de enero donde una cruz se lanza a un río donde aquel que la rescate —hombre, como manda la tradición— tendrá un año de suerte. Año, el de Petrunya (Zorica Nusheva) donde, como los consecutivos, no consigue trabajo, estabilidad, independencia. Año en que, en Štip, sí consigue la cruz y, con ella, el peso del patriarcado y, a la vez, el acto de subvertirlo. Gracias a ella sabemos que ‘God exists, her name is Petrunya’.

Una existencia que se plantea desde la tenencia: tener la cruz como señal de suerte, tener trabajo como señal de progreso y concordancia social —siempre que el trabajo, siendo mujer, sea ‘apropiado’—, tener la edad adecuada, tener el cuerpo deseado por lo ajeno. Tener. Una tenencia de los cuerpos que rige, estricta y simbólicamente, a la mujer; a Petrunya (Zorica Nusheva). Una tenencia tradicional reproducida por los comportamientos de tu entorno justificados, falsamente, como culturales. 

Tradiciones culturales que pretenden, vestidas de cultura, defender intereses machistas institucionalizados como en la iglesia, en la política o en la familia. Intereses que se muestran cuando el cura le pide a Petrunya (Zorica Nusheva) que devuelva la cruz, cuando la madre le obliga a mentir sobre su edad para conseguir el trabajo o cuando la interroga la policía por el hecho de ser mujer y haber cogido la cruz. 

Tradiciones que, como asegura Eric Hobsbawm, son una invención y que responden a un momento donde la contención por los estamentos dominantes de las clases populares era, según ellos, necesaria. Una invención de la tradición que, como bien sabe Petrunya (Zorica Nusheva), puede subvertirse, puede desnudarse, puede simplificarse para, así, ver que detrás de ella, de la tradición por repetición, no hay nada. 

Teona Strugar Mitevska nos lleva a un paraje donde lo tradicional se disfraza de cultural cuando no es nada más que invención que sirve a una dominación masculina. Paraje donde un simple gesto, el de Petrunya (Zorica Nusheva), desviste dicha tradición dejando al desnudo el patriarcado estructural. 

God exists, her name is Petrunya’ es el derrumbe de la tradición como cuestionamiento del status quo.

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