‘SWEAT’ O CÓMO RENDIRSE A LA DICTADURA DE LA FELICIDAD

Tres días, en nuestros tiempos. Entre likes, comentarios, selfies, abrazos, cariño de desconocidos, frases motivadoras, y diversos alimentos para el ego se sitúa Sylwia Zajac (Magdalena Kolesnik) una entrenadora personal con muchos seguidores en las redes sociales. Seguidores de su vida perfecta, entre sentadillas, unboxings y momentos supuestamente felices. Felicidad que se desvanece cuando, en el perfil de sus redes sociales, Sylwia hará visible la soledad que hay detrás de su muro, de su perfil. Una soledad que hará que dichos seguidores se vuelvan físicos, se vuelvan acosadores. Una vida con sudor y lágrimas, donde los demás sólo quieren ver el éxito: ’Sweat’.

Un éxito regado por la dictadura de los cuerpos como ente primario de felicidad, como le dice una seguidora a Sylwia porque ésta le ha cambiado la vida con sus vídeos de ejercicios y su marido la ‘quiere más’. O el trauma de abortar porqué el latido de tu bebé no nato es inexistente. O acosar a la influencer que sigues en Instagram y masturbarte en el portal de su casa. Una dictadura de los cuerpos, en definitiva, motivada por unas pulsiones en un contexto donde, supuestamente, todo vale cuando toda tú eres “pública”.

Una publicidad que se fundamenta en aquello bueno, benévolo, que nos da placer visual, auditivo, rechazando, per se, aquello dañino que puede destruirnos y que, en definitiva, puede devolvernos a la mediocridad. Una mediocridad donde la soledad está silenciada pero no para una persona con capacidad de influir en otras a cualquier nivel. Una influencia que se estima a dictamen del público; de los seguidores. A la dictadura del cuerpo, se une la de la audiencia.

Unas dictaduras dadas en paralelo y que se suma la autodeterminación constante de exposición como modelo capitalizado del ser y, tristemente, del estar. Un estar que acaba, como le pasa a Sylwia, dudando de esos límites entre lo privado y lo público, entre lo personal y lo laboral, entre el tú y ellxs. 

Magnus von Horn nos trae un retrato íntimo de las dicotomías actuales y la teconologia en la definición moderna del ser y del estar. Nos lleva a unos límites cada vez más usuales donde la exposición de la persona y la supuesta conectividad nos aísla. Aunque no contenga un significante muy elevado, su significado sí que es muy alto.

Sweat’ es el aislamiento de la tecnología, la exposición constante del individux y los extremos que, como siempre, suelen juntarse. 

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