‘THE MANY SAINTS OF NEWARK’ O CÓMO HACER UN BUEN PRÓLOGO

Es el verano del amor. America está en plena guerra del Viet Nam, con la llegada masiva de mano de obra inmigrante de Europa, una sociedad extremadamente racializada —debido a que la idea de la raza estaba respaldada “científicamente”— y personas clamando por las libertades. Tony Soprano (William Ludwig) crece como un niño suburbano en el estado de New Jersey. Mientras, Dickie Moltisanti (Alessandro Nivola) lucha por conservar el poder de su familia DiMeo en un país cada vez más tumultuoso. Lucha por ser ‘The many saints of Newark’.

Una lucha que se endurece por controlar los barrios, las tiendas y las esquinas cuando los afroamericanos claman sus derechos, tanto dentro como fuera de la ley, y que los lleva de ser soldados a querer ser capos, como Harold McBrayer (Leslie Odom Jr.). 

Lucha que también se refleja en los inmigrantes, cuando la goomah de Dickie (Alessandro Nivola),  Giuseppina (Michela De Rossi), le insiste en tener un salón de belleza propio, hasta que lo consigue, porque su sueño es ser capo de uno de ellos. 

Sueños que Livia Soprano (Vera Farmiga) trata constantemente de destruir tanto a su hija Janice (Alexandra Intrator), su hijo Tony (Michael Gandolfini) y su marido Johnny (Jon Bernthal) con su carácter auto y alter destructivo. Una visión cerrada, controladora y manipuladora muy concreta del entorno, la cual se refleja en ella.

Un reflejo que Dickie Moltisanti (Alessandro Nivola) intenta evitar, al contrario que Livia, en su entorno. Un entorno que lo llevará al desentendimiento con Tony (Michael Gandolfini) y que, precisamente sea dicha ausencia, la que haga de éste —posiblemente— el gángster que conocemos. 

Alan Taylor, que ya dirigió algunos capítulos de ‘The Sopranos’, nos propone, junto con David Chase, un prólogo dividido en dos partes donde, aunque con alguna que otra referencia directa para saciar a lxs fans, no sólo se ve la formación de Tony Soprano (Gandolfini), sino una obra audiovisual donde se muestra que el ser humano es el único que tropieza dos veces con la misma piedra. Al igual que Junior Soprano (Corey Stoll) lo hace a la salida de la Iglesia. Ya sabréis por qué

The Many Saints of Newark’ es un buen prólogo audiovisual. 

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