‘FLAMING EARS’ O CÓMO CREAR UN FILM TECNO-QUEER ANTES QUE EL PROPIO CONCEPTO

Estamos en el 2700, en la ciudad de Asche, arrasada por las llamas. Unas llamas provocadas por Volly (Ursula Puerrer) ya que es adicta al fuego. Fuego que utiliza como ente sexualizador y sexualizante en sus performances. Unas performances que Nun (A. Hans Scheirl) intuye como perturbadoras y amplificadoras del conocimiento de su novia como alíen con predilección por los reptiles que es. Un alíen que encuentra a Spy (Susana Helmayr), creadora de cómics, en la calle en extrañas circunstancias. Una historia a tres bandas, voces diferentes, escuchadas por ‘Flaming ears’. 

Unas orejas, unas voces, unas perspectivas, bañadas por un ambiente teatral, punk, tecnológico, decadente y superfluo del cuerpo. Un cuerpo que conviene según las circunstancias en un ente hipersexualizado basado, sobretodo, en la concepción estética social. Un estética que se desprende, a la vez, del cuerpo que dice poseerla inventando, así, nuevos lenguajes a través del uso de éste. 

Lenguajes como el rojo. Un rojo que es fuego, calor, revolución, sangre, cuerpo. Cuerpo como el de Nun (A. Hans Scheirl), inundado en un látex rojo. Cuerpo como el de Volley (Ursula Puerrer) al que le es cosido un pene de madera o como el de Spy (Susana Helmayr) apalizado y maltratado por las conveniencias sociales del amor romántico del s.XVIII. 

Unos lenguajes que se aprecian antes de que fueran conceptualizados. La idea de un cuerpo andrógino-lésbico que responde a un funcionamiento mecánico y, por ende, que se puede modificar a su antojo, como si de una bio-máquina se tratara: ‘The new flesh’ antes de que se conceptualizara en las artes cinematográficas.

Ursula Puerrer, Angela Hans Scheirl y Dietman Schipek  co-dirigen este tecno-queer thriller donde destaca una imagen con tintes de Fassbinder en el que se debate el cuerpo lesbiano —como Monique Wittig lo conceptualiza— antes de que dicho cuerpo lesbiano fuera conceptualizado y, por ende, debatido en una pantalla. 

Flaming ears’ es una idea de la hipersexualización presente en un futuro lejano a través de una película de tres décadas pasadas. 

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