‘RENOIR’ O CÓMO EL VERANO NOS DEVOLVERÁ AL PRESENTE

Lidiar con la muerte es algo personal y colectivo, por donde pasamos todxs. Fuki (Yui Suzuki) es una niña de once años cuyo padre esta muriendo debido a una larga y agónica enfermedad. Una enfermedad que, entre el trabajo, la casa, y los cuidados que necesita el padre, tienen a  Utako (Hikari Ishida), la madre, ocupada, evitando la situación porque la propia situación la atropella. En éstas, Fuki acaba el colegio y empieza el verano. Un verano entre magia, paseos en bicicletas, amigas, descubrimientos mágicos y visitas al hospital. Unas visitas donde descubre el retrato de Irène Cahen d’Anvers realizado de Renoir. Unas vistas que finalizan pronto. Unas visitas que le permiten cambiar su mirada, inundarse en su imaginación dentro de un mundo adulto que la ignora. 

Un mundo adulto que es peligroso y refugio a la vez. Un mundo adulto en el que Fuki, al igual que Irène, mira sin comprender, llenándolo todo de magia, de imaginación. Una imaginación que es hogar y refugio del mundo adulto. Un mundo que no alcanza a interpretar, pero que tampoco lxs adultxs hacen para que interprete. Un lugar situacional donde  la muerte siempre presente, se renuncia a ella porque la vivencia del presente es lo importante. Unas vivencias que son sueño entre tantos golpes de realidad. Unas vivencias que, tras la muerte del padre (Lily Franky), acaban también por llegar a la madre, al mundo adulto. Unas vivencias que, al final, se entretejen con el mundo onírico y el mundo de lo real. 

Chie Hayakawa realiza una película de corte sencillo y narración simple donde la imaginación puede brindaros un poco de aire para evitar nuestra asfixia. Una asfixia que, en este coming of age, nos llega por un mundo adulto incapaz de conectar con su entorno. Un entorno donde no hay lugar para el presente, para vivirlo, para apreciar las pequeñas cosas que nos ofrece éste. 

‘Renoir’ es una película sobre la muerte, cómo nos afecta, y un precioso recordatorio de que tenemos el presente. Un presente que tenemos que vivir como si fuera la primera vez que lo habitamos, como hace Fuki. 

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