¿Quién es Lady Isabella? Esta es la pregunta que la propia Isabella (Sian Clifford) se propone responder. Una respuesta que, como aristócrata que es, pasa por la realización de un documental sobre ella. Pero no al estilo ‘The Kardashians’. Esto no es California, es Suffolk en Inglaterra. Concretamente Ravenhill Hall, donde ella vive. Una vida que, para retratarla en la gran pantalla, ha decidido contratar a un cineasta ganador —según ella— de un BAFTA. Sam (Laurie Kynaston), el cineasta, que retratará el ego de Isabella y también sus luces y sus sombras. Unas luces artísticas que la aristócrata pretende mostrar en el concurso ‘Stately Stars’. Un concurso que organiza ella misma como filantrópica que dice ser. ‘Lady’ es el making of de un documental que nunca verá la luz, pero nos mostrará la imagen de una señora aristócrata en decadencia, quién construye dicha imagen y desde dónde.
Un making of que nos plantea, desde un humor exagerado en el buen sentido, la construcción pública de nuestra imagen. Una imagen construida de nuestras proyecciones y la recepción de nuestro entorno. Un entorno —el cineasta— que la reconfigura en la sala de montaje y, conforme va montado el metraje que va grabando con su equipo, va reformulándose la propia imagen de Isabella. Una imagen, la de Isabella, que en mitad de la grabación empieza a desaparecer, a ser invisible. Una invisibilidad que, a pesar de sus esfuerzos por ser vista, por ser tenida en cuenta, la va invadiendo en una especie de esfumatura de lo que es como mujer, como aristócrata y como madre.
Samuel Abrahams realiza un mockumentary con tintes arty sobre una mujer aristócrata —Sian Clifford se entrega a un papel formidable, constituyendo ella sola el pilar de la película— donde la necesidad de ser vista y salir de su propia campana de cristal la lleva, a través del humor, a reflejarse en el espejo. Un espejo que nos devuelve una imagen inesperada, desprendida, al final, de todo artificio aristocrático.

