‘LA APUESTA DE BUFFALO BILL’ O CÓMO REVISITAR EL SPAGHETTI WESTERN 

Los imaginarios colectivos se construyen de mitos. Más bien de mitificar ciertos estereotipos que nos vienen impuestos, aunque no seamos conscientes de ello. Rosa (Nadia Tereszkiewicz) lo tiene claro cuando Buffalo Bill (John C. Reilly) llega a la ciudad italiana donde habita para mostrar su espectáculo circense sobre el lejano oeste. Un oeste colonizado y glorificado en una representación muy lejana de la realidad pero que, cercanos al siglo XX, sorprende por mostrarles la tierra prometida. Una tierra prometida que persiguen Rosa y Santino (Alessandro Borghi) cuando, después de un rodeo en el que Santino vence frente a los estadounidenses, el marido maltratador de Rosa muere en las cuadras de un disparo. Disparo que evocará a Rosa y Santino en una huida por la campiña italiana simulando, de nuevo, el lejano oeste. Un oeste que se (re)presenta en cualquier lugar, dado que se sitúa en el imaginario de los personajes. ‘Una apuesta de Buffalo Bill’ no sólo por colonizar el far west, sino también por colonizar los imaginarios de una Italia recién unificada. 

Una Italia donde los personajes a la huida, Rosa y Santino, sobreviven en un país donde el ferrocarril se está construyendo por una clase adinerada. Una clase adinerada interesada en dominar ciertos imaginarios colectivos. Imaginarios que, junto al del Far West, creen que les podría beneficiar. Pero ese beneficio se quiebra justamente en dicha huida, en esos personajes al margen cuando refutan ser los títeres de dicha clase adinerada. Rosa no quiere ser la esposa de su marido maltratador. Santino no quiere ser su entretenimiento. 

Alessio Rigo de Righi y Matteo Zoppis realizan una película, dividida en cuatro capítulos, con aura de spaghetti western y tintes de realismo mágico. Una mezcla arriesgada que produce unas imágenes a veces oníricas, a veces acariciando lo real, y a veces mostrándonos la artificialidad del teatro que es la sociedad.  ‘La apuesta de Buffalo Bill’ es la creación de imaginarios colectivos  como motor de movimiento de unos personajes precipitados al margen. 

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