‘EL SER QUERIDO’ O CÓMO EL SILENCIO ES EL GRITO MÁS ALTO

Después de trece años, Esteban Martínez (Javier Bardem) y Emília (Victoria Luengo) quedan para comer en un restaurante. Él, un aclamado director de cine. Ella, una actriz en paro que, para sobrevivir, trabaja de camarera. El punto de unión es que son padre e hija. Un punto de unión que se disolvió mucho tiempo atrás por los comportamientos excesivos y violentos de él. En ese restaurante, durante dicho almuerzo, Esteban le propone a Emília que actúe en su próxima película. Una película titulada ‘Desierto’ y rodada en Fuerteventura. Durante el rodaje, entre la tensión del set, los egos y el pasado que se presenta continuamente, se les vislumbra a ambos aquello que fueron y, también, aquello que son ahora. Se les vislumbra ‘el ser querido’ disuelto entre la realidad y la ficción que intentan elaborar, entre un pasado que les acecha y un presente que se les escurre en nombre de lo vivido. 

Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen realizan un guión en el que centran los traumas hereditarios como aquello que guía nuestras relaciones paternofiliales. Unos traumas que nos persiguen y definen nuestro modo de actuar en el presente, con la carga de un pasado asentado sobre el dolor, la violencia y los excesos. Unas relaciones paternofiliales sustentadas en dos actores que son capaces de llevarlas a los extremos de representación donde el silencio entre ambos es el grito más alto que lx espectadorx es capaz de escuchar. 

En contrapunto, el dispositivo para narrar dicha historia que construyen ambos guionistas no favorece la gran actuación de ambos actores principales. Los elementos son bastante obvios para con la historia, se sirven de parcialidades y el montaje y edición no acaban de asentarse en lo narrado. Un montaje y una edición que dibujan unas formas y una dialéctica de las subjetividades en ‘El ser querido’  difusa, incompleta, líquida. 

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