‘WICKER’ O CÓMO LA DIFERENCIA NOS LIBERA DEL AMOR ROMÁNTICO

En algún lugar cerca de la costa, en los márgenes de un pequeño pueblo, habita una pescadora (Olivia Colman). Su día transcurre tranquilo, entre los quehaceres diarios: levantarse, ir al río, pescar, acercarse al pueblo para intentar vender el pescado, sacar algo de dinero y volver a casa, volver a empezar.  Días tranquilos que vienen quebrados por los insultos y las burlas de lxs vecinxs. Unos vecinos que la marginan por su profesión, por su soltería y por su libertad para ser.  Pero la pescadora, harta de recibir burlas e insultos, le encarga al artesano cestero del pueblo que le haga un marido de mimbre. Marido (Alexander Skarsgård) que le será entregado en la iglesia la próxima luna nueva. Llegado el momento, La pescadera se acerca a la iglesia, donde conoce a su marido de mimbre. Un marido que, en la diferencia, le hará feliz, se harán felices. No sin despertar las envidias de lxs vecinxs. ‘Wicker’ y el amor en los márgenes.

Unos márgenes, los que muestra la película, donde el amor, el matrimonio y la felicidad se dibujan en la diferencia. Una diferencia que molesta por romper las convenciones sociales que predeterminan a los individuos a ciertos actos y ciertos papeles sociales. Una diferencia, la que surge entre la pescadora y el marido de mimbre, que se ve, por los demás vecinxs, liberadora y auténtica, y es vivida desde un amor que rompe con el mito romántico que socialmente se le presupone. Para ello, lxs directorxs Eleanor Wilson y Alex Huston Fischer realizan una fábula irónica, divertida y  tierna en la que destacan las interpretaciones de Olivia Colman y Alexander Skarsgård.

‘Wicker’ es mostrar que la diferencia está en la libertad individual para querer al margen de las convenciones sociales y eso, como vemos durante todo el metraje, es lo que realmente molesta. Es en ese punto, también, donde incluso la historia podría simpatizar con las disidencias actuales y conectar con ellas.

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