‘LITTLE JOE’ O CÓMO LA FELICIDAD ES AQUELLO QUE MAS MIEDO NOS DA

La búsqueda de la felicidad es la búsqueda infinita para el ser humano. La búsqueda más improductiva de la historia, al menos de la historia de los seres humanos. En esta búsqueda entra la ciencia y la tecnología. La modificación genética puede ayudarnos a  ver la luz al final de dicho túnel. La naturaleza, una flor, modificada genéticamente, que al olerla nos desprende serotonina. Creación de Alice (Emily Beecham) científica que trabaja en una empresa de biotecnología y madre soltera. Madre que, en contra de lo establecido, decide regalar dicha flor a su hijo Joe: ‘Little Joe.’

 Flor que, modificada genéticamente, desprende felicidad a la par que se ha diseñado para que sea estéril. Esterilidad que garantiza, a la empresa biotecnológica donde trabaja Alice (Emily Beecham) unos ingresos, una rentabilidad y unos beneficios. Beneficios que se ven truncados cuando la planta empieza a desprender polen. Polen que crea felicidad en las personas al precio de anularlas para que la protejan. La naturaleza, aunque modificada geneticamente, siempre es sabia.

Sabiduría que hace de la empatía una falta primordial entre las personas en nombre de la supervivencia de la planta, en nombre de la supervivencia de la felicidad, felicidad pagada con una cordialidad y complacencia de lo que quiere oír el/la otrx y no el equilibrio entre lo exterior y lo interior. Un entorno estéril, desinfectado, donde crece una naturaleza artificial pura y purificadora para el ser humano.

Una herencia cultural que estamos dejando a las generaciones futuras: un entorno estéril y vacuo que pretendemos llenar con olores que nos recuerdan a aquello que intentamos sintetizar como ‘felicidad’. El remedio que intentamos fabricar asusta más que las propias dinámicas de la realidad: un mundo estrictamente educado, escondiendo los sentimientos porque estos se fabrican, es lo que realmente da miedo.

Jessica Hausner nos transporta a la fabricación de una bella flor. Una belleza que se ve trivializada por aquello que se nos escapa de las manos y no queremos aceptar. Nos fabrica un mundo estéril y, a la vez armonioso, de colores pasteles con unos ritmos africanos estridentes, como de ritual de paso ancestral. Un olor, una herencia cultural que se ve inundada por aquello vacuo, por aquello que vemos nocivo pero que acabamos normalizando.

‘Little Joe’ es lo artificial naturalizado o la naturaleza más artificial. Una intervención de las personas en aquello que no pueden dominar. Un ritual armonioso que hará que detestemos a la raza humana y amemos a la bella flor. Una muestra de cómo aceptamos aquello nocivo y lo normalizamos; un suceso aterrador. 

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