‘LES HIRONDELLES DE KABUL’ O CÓMO LA EMPATÍA ES UNA ARMA MUY PODEROSA

1998, Kabul. Una ciudad destruída por un régimen talibán que impone unas ideas religiosas con el fin de subyugar una población. Población que, destruida su riqueza material, ve cómo se destruye su riqueza espiritual, invadida por unas ideas que muy poco o nada tienen que ver con el islam. En este contexto, en verano, dos matrimonios. El primero, Atiq (Simon Abkarian) y Mussarat (Hiam Abbass) marcados por la enfermedad terminal de ella y el maltrato de los talibanes hacia él como guarda de la cárcel de mujeres. El segundo, Mohsen (Swann Arlaud) y Zunaira (Zita Hanrot) marcados por un futuro proyectado que saben que no se realizara jamás. ‘Las golondrinas de Kabul’ migran como cualquier otras, cuando se acaba el verano y empieza el invierno; el frio, el resguardarse en casa, el resguardarse. 

Los extremos se atraen. Hay veces que se contraen y otras que se expanden pero que, precisamente por sus diferencias, parecen más iguales que nunca. Igualdades que se ven diferenciadas por el tiempo y desaventajadas por un régimen talibán que invade la vida pública de las personas y la vida privada. Vida privada, para ambos matrimonios, por el machismo exacerbado e imperante que sufren desde el propio régimen y que, como ha invadido la vida privada, también ha invadido sus mentes.

Mentes que se debaten entre quedarse para cambiar las cosas o irse para vivir una vida propia y digna. Dejar Afganistan, Kabul, dejar lo conocido para adentrarse en lo desconocido. Historias cruzadas en el mismo tiempo provenientes de otros muy diferentes. 

La represión como punto de encuentro y la empatía y la solidaridad como punto de salida; punto de escape de esa cruel realidad. Mas bien de modificación de ese encuentro. La cárcel donde trabaja Atiq (Simon Abkarian) y la pérdida y sacrificio de un miembro de los respectivos matrimonios es ese punto de encuentro y de salida a la vez. Un campo de futbol que, sin cambiar la necesidad de entretener a la población, ha cambiado su metodología de cómo entretenerla.

Zabou Breitman y Eléa Gobbé-Mévellec nos transportan en el tiempo. Concretmente a 1998, a Kabul, cuando los talibanes llegaron al poder. Nos introducen en la vida de Atiq (Simon Abkarian) y Mussarat (Hiam Abbass), y Mohsen (Swann Arlaud) y Zunaira (Zita Hanrot). Nos introduce en una bella historia llena de solidaridad y empatía bañada en la triste miseria de un régimen dictatorial. Un cuadro realizado con acuarela: muy bello pero que, por la técnica utilizada, esa belleza se aprecia como soluble. 

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