‘EL ÚLTIMO ARQUERO’ O CÓMO REALIZAR UNA BELLA BIOGRAFIA AUDIOVISUAL

La cotidianidad mata el espíritu. Más bien, lo camufla. Hace que pase desapercibido. Retroceder en el tiempo puede traernos y situarnos a nuestro presente. Si ese retroceso lo llevamos a cabo con una reconstrucción de nuestro tiempo pasado con imágenes visuales e historias de una vida narradas por nuestros seres queridos, el ictus amnésico que nos los arrebató, no habrá hecho tantos estragos. Esta es la historia de Alberto Ignacio Manrique y la recuperación de los recuerdos de su vida: es la historia de Dácil Manrique de Lara —su nieta—. Es la historia de sus conexiones. Es la historia de ‘El último arquero’.

No recordar parte de tu vida. Mirar una fotografía y confiar en que una imagen, justo la que ves, vale más que mil palabras. Alberto Ignacio Manrique sufrió un ictus amnésico en 1998 que le arrebató parte de sus recuerdos. Dácil Manrique de Lara sufrió una agresión sexual que la llevo a Madrid. Ambos, en Gran Canaria, a través de la pintura intentan reconstruir su historia para sanar sus heridas empleando el arte del pintor. Un arte que los lleva a ambos a otros mundos para devolverlos al que habitan más fuertes, más íntegros.

Dácil Manrique de Lara dirige este documental maravillosamente narrado donde, a través de historias contemporáneas orales que le explica su abuela Yeya Millares, imágenes familiares, y diversos documentos expositivos, manifiestos y demás, reconstruye la historia del grupo grancanario de arte de  ‘Los arqueros del arte contemporáneo’, su historia familiar y la crianza con su madre y sus abuelos en la isla con la ausencia del padre, su huida a Madrid a conocer al padre biológico que no la educo y a desmembrar para llegar al bello cuore de la relación que tenía Dácil con su abuela y su abuelo. 

‘El último arquero’, Alberto Ignacio Manrique; Yeya Millares, violinista; y Dácil Manrique de Lara forman un triángulo donde las conexiones median por la tristeza pero, sobretodo, por la alegría, por el arte. El arte como método para garantizar unas conexiones sanas para cuerpo y para mente. Un arte que los abstrae del mundo para devolverlos reforzando dicho triángulo en dicha isla; en Gran Canaria.

Una bella biografía audiovisual narrada por capítulos donde el arte es una metodología para sanar porque, como decía Alberto Ignacio Manrique de Lara: ‘ A veces, ocurre la desgracia de que tu obra acabe en un museo’ pero, a veces, no. Y cuando no acaba en un museo, está colgada en la pared de alguien, donde ese alguien mira tu pintura y le permite abstraerse a otros mundos. Abstraerse para volver a éste más fuerte. 

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