‘SEULES LES BÊTES’ O CÓMO EL DESEO ES UN ESPEJISMO

Todo es cuestión de perspectivas, del punto de vista del que experiencias la realidad.  Realidades que pueden ser diversas y a la vez comunes: comunes en la ocultación de los secretos, diversas en su forma. Formas que llevan a la desaparición de Evelyn (Valeria Bruni Tedeschi) y al encuentro de su coche días más tarde. Un encuentro que llevará a Alice (Laure Calamy), Joseph (Damien Bonnard),  Marion (Nadia Tereszkiewicz) y Amandine (Juliet Doucet) a ser conscientes del tiempo, la percepción y la realidad, junto con sus secretos, que les ha tocado vivir. Unas vivencias que experiencian, al fin y al cabo, como bestias; ‘Seules les bêtes’.

Un mundo rural conectado a una red de conexiones telemáticas que pretenden sustituir aquellas que se dan en la corta distancia, en el tú a tú, en el aquí y ahora. Un aquí y un ahora invadido por aquello epicureano donde se persigue la felicidad —ésta definida como un espejismo en el desierto- y donde la falta de ataraxia es normativa. 

Normativas que conllevan, en está dimensión que invadimos desde nuestras realidades, que sólo las bestias más astutas sobrevivan. Normativas que, en el fondo, sobreviven por la perpetuación de unas bases preestablecidas al individuo las cuales les obliga a las acciones que realiza en dicha dimensión. Amand (Guy Roger N’Drin) es el resultado de ello; sus ilegalidades responden a su contexto más cercano, a cómo aborda él la dimensión existente y, a la vez, a la herencia colonial que sufre su país. 

Dominik Moll nos sitúa en el cruce de perspectivas de esta historia para hacernos ver lo relativo que hay intrínseco en la dimensión que ocupamos para, así, ver lo volátil que es la continua búsqueda de la felicidad. Una felicidad que no existe ya que se enmascara en afecto, dinero y/o sexo. Unas imágenes desoladoras en su contenido y tristes en su significado pero muy potentes para con la/el espectadorx. 

‘Seules les bêtes’ es la supervivencia humana, desde nuestra realidad, en una misma dimensión. Es el espejismo del deseo que se desvanece en el horizonte.  

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