‘DEAR COMRADES’ O CÓMO REVISITAR LA MASACRE DE NOVOCHERKASK

Novocherkask. Año 1962. Territorio comunista, territorio donde todxs tienen que tener las mismas oportunidades, las mismas bases. Bases que se ven alteradas cuando Khrusxov sube  los precios de la comida, iniciando con ellos una revolución entre los trabajadores de la fábrica metalúrgica. Trabajadores que ven sus pocas previsiones mermadas. Previsiones que llevaran a vivir el ataque del KGB a la contrarrevolución desde dos perspectivas: la de una trabajadora del partido comunista local, como Lyudmila (Yuliya Vysotskaya), y los trabajadores de la fábrica. Unos ‘queridos camaradas’ llenos de contradicciones. 

Contradicciones que llevarán a la revolución en un estado fundando en aquello revolucionario, que los llevarán a racionalizar el precio de la comida haciendo que el acceso a esta sea más irracional aún, haciendo de lo comunitario algo exclusivo, haciendo de la existencia algo selectivo por las fuerzas coercitivas del Estado. 

Un estado que blinda Novocherkask para que la contrarrevolución y sus contradicciones insertas no se extiendan por territorio soviético. Un territorio que ha fundamentado los ideales de Lyudmila (Yuliya Vysotskaya) pero que ahora dichos fundamentos se ven glorificados en el recuerdo; romantizados. 

Romantizados por la figura inexistente de Stalin que guía a Lyudmila (Yuliya Vysotskaya) en un presente confuso que se radicaliza en la contrarrevolución de los trabajadores y que se disuelve definitivamente con la desaparición de su hija Svetka (Yulia Burova) por el caos, entre disparos, sembrado por el KGB. Un caos donde los ideales no existen y la supervivencia prima. 

Andrei Konchalovsky nos introduce, con una soberbia y sombría imagen —incluso seca en un sentido positivo—, en la masacre que tuvo lugar en Novocherkask. Nos lleva al desencanto de sus ideales por una madre y a la desaparición de su hija como negación del futuro. Un futuro condenado para las próximas generaciones y un presente abierto en canal, descubierto, alojado en las más puras contradicciones.

Dear comrades’ es, querido camarada lector, una contrarrevolución a la revolución comunista (y sus contradicciones insertas).

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