‘EL BUEN PATRON’ O CÓMO BASCULAMOS NUESTRO CONTEXTO 

España, siglo XXI. La excelencia empresarial es una gran distinción entre este mundo atroz en cuanto a competitividad. Blanco (Javier Bardem) lo sabe y, como director y gerente de una empresa de basculas, intentará conseguir dicha excelencia. Excelencia que la verá opaca cuando se sobrepongan los problemas de su ‘familia’, sus empleados, los cuales hará frente como ‘el buen patrón’ que es. 

Un patrón atrapado y confiado de la monotonía del día a día, de esa zona de confort donde las cosas funcionan —porque siempre lo han hecho de ese modo— así. Hasta que la mujer de contabilidad con la que tenías un affaire te suelta que te quiere, o cuando al trabajador que acabas de despedir con 50 años se presenta con sus dos hijxs porqué lxs tres viven de ello y acampa en la puerta de tu fábrica para protestar por dicho despido, o cuando el jefe de planta no da ni una porque cree que —al igual que él— su mujer tiene sexo extramatrimonial. 

Contratiempos que alejan la excelencia de ‘Básculas Blanco’ y aproximan un desajuste en “la buena familia” que son sus empleados para su jefe. Un jefe que cree solucionarlo todo porque él mismo es ese todo, es aquello omnipresente, aunque nadie se lo haya pedido. Avaricia, codicia, apariencia, superficialidad y falta de moral como ente primario social en un contexto capitalista. Todo lo demás, como el exempleado que protesta en la puerta, están locxs o están fuera del sistema. 

Un sistema que diferencia entre aquellxs que la autoexcelencia que se asignan les codicia —según ellxs— de un prestigio hacia ellxs y lxs demás, y aquellxs que la poca credibilidad en su excelencia les debilita para si mismxs y con lxs demás. Dos visiones voraces conviviendo en un mismo contexto. 

Contexto, espacio, donde Fernando León de Aranoa dibuja unas situaciones límites donde aquello que converge es el sacrificio de la ética por la supervivencia de la superficialidad. Unas situaciones, contextos e imágenes que basculan entre el humor y el drama para dejarnos un buen gusto ácido y amargo. 

El buen patrón’ es la prueba de que el trabajo —a.k.a. el capital— acabará poseyéndote porqué la báscula está trucada para eso. 

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