‘LIBERTAD’ O CÓMO CRECER TE ROMPERÁ EL CORAZÓN 

Costa brava, en la casa familiar. Nora (Maria Morera) espera otro verano más en familia, con su abuela Angela (Vicky Peña) cuidada por Rosana (Carol Hurtado) debido a que sufre Alzheimer avanzado, su madre Teresa (Nova Navas) y sus tíos y tías. Verano que cambia cuando su lugar en la casa y en dicho ambiente empieza a ser incómodo, empieza a descuadrarse de su papel. Un papel que se ve alterado por la llegada de Libertad (Nicolle García), la hija de Rosana. Una alteración que la introducirá en la vida adulta, sintiendo lo que es y lo que no la ‘Libertad’.

Una libertad que, a medida que se avanza en edad, disminuye proporcionalmente, pues la relación de Nora (Maria Morera) con su hermana pequeña se ve distanciada por el tiempo, por la edad. Al igual que con sus padres que viendo que su hija crece, le pueden hacer entender que el amor es finito. 

Una finitud que, en ese verano, en ese no hacer nada, en ese caminar hacia la adultez, en ese crecer junto a Libertad (Nicolle García), Nora (Maria Morera) verá que las relaciones humanas son atravesadas por unos estamentos, prejuicios y condiciones sociales inertes al individuo y, a la vez, reproducidas por este. Un capital económico que media entre ellas —la relación es económica ya que la madre de Libertad trabaja cuidando a Angela (Vicky Peña)—, una posición social —La madre de Nora (Maria Morera) no quiere que se junte con Libertad (Nicolle García) porqué es la hija del servicio—, y la convicción ficticia de ambas chicas de que realmente pertenecen a mundos distintos por sus posiciones en el espacio de mundo que ocupan. 

Un mundo que se ve desdibujado sólo por Angela (Vicky Peña), abuela de Nora y la señora que cuida la mamá de Libertad (Nicolle García). Un nexo que, debido al Alzheimer, es capaz de desdibujar las relaciones sociales atravesadas por preconcepciones y preestablecimientos en apoyo de las relaciones igualitarias. Por ejemplo, cuando enseña música a Nora (Maria Morera) o a tocar el piano a Libertad (Nicolle García). Un nexo que dicho verano desaparecerá, poniendo distancia física. 

Clara Roquet nos lleva a un verano para crecer y darnos cuenta lo duro que es convivir en el mundo adulto. Un mundo donde el individuo se ve atravesado por entidades y preestablecimientos sociales y culturales impuestos donde éste se ve obligado a decir que no, a renunciar.

Libertad’ es la lección triste para ser adulto: crecer es renunciar.

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