‘I PREDATORI’ O CÓMO ENTERRAR, DE UNA VEZ, A NIETZSCHE

Ostia, a las afueras de Roma. Los Pavone son una familia bienestante. Pierpaolo (Massimo Popolizio), el padre, es médico. Ludovica (Manuela Mandracchia), la madre, es directora de cine, y Federico (Pietro Castellitto), el hijo, asistente de profesor de filosofia en la universidad. Los Vismara también residen en Ostia. Claudio (Giorgio Montanini), el padre, regenta una tienda de armas. Mientras, su mujer Teresa (Giulia Petrini) trabaja de personal de limpieza en la clínica de Pierpaolo. Sus vidas, y sus asuntos familiares, se entremezclaran cuando, por casualidad, el doctor Pavone salve la vida, en un atropello, de la madre de Claudio. He ahí cuando salgan ‘i predatori’ de cada unx.

Unxs depredadores que se observan cuando se retrasa el rodaje de tu film como a Ludovica, o cuando tu trabajo es decirle a la gente que tiene cáncer como Pierpaolo, o cuando después de estudiar y enseñar a Nietzsche en la universidad te prohíben ir a su exhumación porqué no le caes bien al director de la universidad, como le pasa a Federico. Pero también cuando siendo limpiadora te das cuenta que necesitarías 1000 años con tu sueldo para comprar un piso en Roma, o cuando tu negocio de armeria sólo funciona en terrenos ilegales. 

Unos terrenos que se exponen en las celebraciones de cumpleaños. Los Vismara celebran el cumpleaños rodeados de nerviosismo, pobreza, fascismo extremo, incoherencia y en terrenos ajenos. Mientras, los Pavone lo celebran en un restaurante donde los formalismos guían la estructura relacional en la mesa y donde las visiones críticas —como el gran rap de Marie—disturban. 

Una disturbación que Federico (Pietro Castellito) intenta erradicar, silenciar, neutralizar, en ambos planos, en ambas visiones del mundo. Un mundo que, como vemos, se empeña en formarse en aquello circular, en el eterno retorno. Un retorno que, equívoco, seguimos insistiendo en él. 

Pietro Castellitto nos presenta su opera prima con esta comedia negra donde el eterno retorno se presenta como aquella piedra angular que, como humanidad, no hemos con seguido superar y que nos lleva, una y otra y otra y otra vez, al mismo punto. Aunque, como filme, abarca quizás demasiado, como concepto se plasma muy bien.

I predatori’ es destronar a Nietzsche por la presencia que éste tiene, aún, en nosotrxs.

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