Un deseo de representar como modo de acercarse a la realidad. Una realidad que, en dicha representación, se le escurre entre bambalinas. Una teatralidad que Eleonora Duse (Valeria Bruni Tedeschi) intenta llevar a cabo en el periodo de entreguerras y con el ascenso de Benito Mussolini (Vincenzo Pirrotta) como líder fascista. Un teatro que una vez la salvó, y en el que intenta volver a él como modo de liberación. Una liberación que la atrapa por el paso del tiempo, su relación que la sitúa en un mundo cambiante, el cual no es capaz de entender. Un mundo que la sigue viendo como ‘Eleonora Duse, la divina’ como la llamó, alguna vez, Gabriele D’Annunzio (Fausto Russo Alesi).
Pietro Marcello, Guido Silei y Letizia Russo realizan un guión donde lo onírico se mezcla con lo real para mostrarnos la teatralidad de una vida contradictoria, como fue la de Eleonora Duse. Una vida marcada por la guerra pero vivida casi al margen de ésta. Un margen que se instaura en lo teatral como modo de evasión. Una evasión que, después de la guerra y el ascenso del fascismo italiano, no tiene cabida y que lleva a la divina a un precipicio vertiginoso en el que intenta sobrevivir. Para ello, para mostrar dicha supervivencia, el director intercala imágenes de archivo con imágenes ficticias. Una mezcla que expresa la contradicción interna del personaje, que sucumbe a lo onírico como único modo de teatralidad situado en el margen.
‘Eleonora Duse, la Divina’ es una película donde lo representado se expresa entre lo real y lo onírico para mostrar las contradicciones de una mujer que el tiempo ha dejado atrás. Un tiempo convulso, donde su figura es apropiada por aquellos que constituyen dicho tiempo y en el que ella intenta sobrevivir. Una supervivencia contradictoria, finita, que queda en la memoria, como aquellas imágenes de archivo que se entrelazan con lo ficticio, con lo que fílmicamente Pietro Marcello ha intentado representar.

