‘LA BOLA NEGRA’ O CÓMO LA FICCIÓN REVELA NUESTRA HISTORIA CRÍTICA

Lo que no se dice, parece que no existe. Por eso, Alberto (Carlos González) es un dramaturgo retirado e historiador interesado en las narrativas queer precedentes.  Unas historias sumergidas, que se mueven en el gesto, en lo cotidiano. Una cotidianidad que lo lleva hasta Grecia, a investigar sobre música y travestismo. Una historia, la que le interesa a Alberto, alejada de, como diría Nietzsche, lo monumental y lo anticuario pero centrada en la historia crítica. Una historia que, de vuelta a España, se entremezcla con la de su abuelo Sebastián (Guitarricadelafuente) al que nunca conoció y, a la vez, con una obra inacabada de Federico García Lorca. Un descubrimiento, para Alberto, que lo llevará al interior de la historia, la suya propia, donde lo cotidiano, lo gestual, construye el pasado en paralelo a una ficción, la obra teatral inacabada de Federico, donde la ficción tiene la capacidad de revelar verdades. ‘La bola negra’, que desciende en dicha ficción, es, así, una realidad existente para él. Para todxs. 

Una bola negra que se siente cuando Alberto (Carlos González) asiste a una conferencia de la historiadora experta en Lorca Isabelle Durand (Glenn Close). Una historiadora que, cuando habla con ella en privado,  también hace referencia a lo personal que alberga la intrahistoria, el gesto, lo cotidiano, lo que no se dice, lo que se queda atascado en la garganta asfixiándonos. Una intrahistoria crítica que nace de lo personal tanto para Isabelle como para Alberto y que, desde el acercamiento crítico, se vuelve transversal en todos los ámbitos de la vida, cuando la vida, la existencia es, de por sí, política. 

Javier Ambrossi y Javier Calvo realizan una película con una composición de la imagen muy pensada, que se mueve entre el plano general y el plano subjetivo para, precisamente, mostrarnos el modo en que lo gestual, lo cotidiano y lo personal forman la historia. Una historia que, como Nietzsche aseguraba, necesita ser crítica porque apela a unas personas que ocupan o han ocupado un tiempo y un espacio en unas determinadas circunstancias. Unas circunstancias que, como Alberto, nos resuenan en el presente y se revelan, también, desde la aproximación ficticia que puede ser una obra teatral inacabada como la que nos ocupa aquí de Lorca. 

‘La bola negra’, a través de la figura de Alberto, nos une el presente con el pasado, la(s) ficción(es) que revela el ser, y el ser como ente identitario. Un ente identitario que, desde la historia crítica, se expresa desde lo personal, porque lo personal es político. Un mensaje que, quizás, queda demasiado subrayado en el film pero que, en las circunstancias presentes, se vuelve primordial enfatizar. 

Deja un comentario