‘THE END OF IT’ O CÓMO FRACASA NUESTRA EXISTENCIA 

La muerte se ha detenido. Ahora, en el presente, con los avances tecnológicos la vida puede ser eterna. Claire (Rebecca Hall) lo sabe y habita esta tierra desde hace 250 años. Para celebrar su cumpleaños, invita a sus amigxs a la casa de la playa. Artista reconvertida en joyera de lujo, durante su cumpleaños, le golpea el presente. Un presente cansado, fatigoso, anodino, donde no ve, después de su 250 aniversario, una vivencia que llene dicho tiempo y espacio. Un espacio y un tiempo que quiere abandonar. Quiere ‘The End of It’. Un final que la llevará a lo frívolo del arte de vivir, convirtiendo su vida en un propio artefacto final. 

María Martínez Bayona parte del miedo contemporáneo a envejecer para profundizar en la imposibilidad de la vivencia del presente —abocados a ésta por la inmediatez que ejerce sobre nosotrxs el hipercapitalismo—  en contraposición con el miedo a envejecer, a ser caducos en el tiempo. Un tiempo que pretendemos que sea eterno y certero con nuestras vivencias pero que, en su paradoja, no nos deja vivirlo en el presente. Un presente continuo que la directora contrapone con un hartazgo de Claire a la posibilidad de la imposibilidad de la vida que es, en últimas, lo que podría darle sentido —si es que ésta, al fin, tiene alguno—.

‘The end of it’ tiene un estilo muy característico, acompañado de una música pop que le brinda la nostalgia necesaria a la imagen, donde cada fotograma se perfila entre lo natural y el artificio para recordarnos la plasticidad que hay en la vida de Claire. Una plasticidad que se extiende, en la imposibilidad de la vida, a las relaciones sociales. En ellas, su hija (Noomi Rapace) ocupa un lugar, también, de imposibilidad. Un lugar que la sitúa dentro y fuera del artificio del espacio y tiempo que ocupa su madre Claire. 

‘The End of It’, en últimas, asocia el éxito con vivir y el fracaso con morir para, en su transcurso, acabar mezclando el éxito de la muerte y el fracaso de la existencia.

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