‘NO REST FOR THE WICKED’ O CÓMO ATRAVESAR EL TIEMPO

Siglo XIX. En medio del mar de Noruega, se sitúan las Islas Feroe. Allí vive Baldur (Egor Venned) junto a su madre Ásla (Sofia Nolsøe). Dedicado a la pesca en el aislado rincón del mundo en el que le ha tocado vivir, un día su barca se ve rodeada de una espesa niebla. Niebla que lo lleva al agua, a ser rescatado por Helge (Pilou Asbæk), un ballenero atrapado en la isla, esperando a que alguien lo contrate para poder salir de ella. Para devolverle el favor, Baldur invita a Helge a casa para ofrecerle algo de comer. En éstas, surge un inesperado deseo entre ambos. Un deseo que los llevará al contacto, a la piel, a los fluidos, al más allá. Un deseo que, en su pequeña comunidad religiosa, hará que ‘No rest for the wicked’.

Kasper Kalle Skovsbøl debuta en el largometraje adaptando un cuento del siglo XIX en las islas Feroe. Una adaptación libre que el director hace navegar muy bien por diversos géneros cinematográficos y donde el deseo de ambos protagonistas cruza todos ellos.  Un deseo que, a través de las imágenes, observamos como una ensoñación, un cumplimiento celestial en la tierra pero que, a la vez, alberga el horror. Un horror que viene dado cuando dicho deseo no es realizable, cuando es negado por los demás, prohibido. Una ensoñación y un horror que trasciende nuestro plano terrenal. Un deseo perdurable en el tiempo.

‘No rest for the wicked’ es la negación de un deseo. Un deseo que va más allá de la muerte y éste como único ente constante en el tiempo. Un tiempo que, como el cambio, es la única constante. Un deseo constante que nos atraviesa a todxs y que se ve coartado por nuestros condicionantes. Unos condicionantes que podemos desdibujar si aceptamos que todxs estamos maldecidxs.

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