Carol (Elizabeth Banks) es una ama de casa y agente inmobiliaria. Con poco tiempo para su familia, se evade en una cápsula de realidad virtual de su estresante vida. Fuera, el aire está tan contaminado que hace las calles intransitables. Su marido Gary (John C. Reilly) y su hijo Quentin (Toby Larsen) cada vez se distancian más de ella y, viendo que la familia ideal hace aguas, Carol decide hacer un retiro virtual para renovarse y reestructurar su familia y el ideal que se espera de ella. Cuando vuelve a su casa después de su ansiado retiro virtual, se da cuenta que un robot idéntico a ella la ha substituido. Un robo de identidad que amenaza su entorno, su familia y su posición en el mundo. Un mundo artificial y artificioso, entre el sueño y la tranquilidad de una vida serena, donde la realidad, y habitarla, podría ser una imposibilidad veraz. Bienvenidos a ‘Dreamquil’, el retiro virtual en el que están inmersxs.
Alex Prager y su hermana Vanessa Prager escriben un guion que, durante el visionado, nos deja ver la simplicidad de un mundo artificioso en el futuro cercano pero que esconde más complejidad de la que se nos muestra. Una complejidad que, dentro de lo artificioso que podría ser el mundo que han creado, nos plantea el problema de la autenticidad. Una autenticidad que, en el mundo de la reproducción constante —como diría Walter Benjamin—, ha perdido el sentido. Un sentido que aún seguimos buscando, como Carol. Un sentido que se sitúa en el símil ya que la autenticidad se desdibuja en una identidad extraída de datos, reproducible.
‘Dreamquil’ es un película de superficie tranquila y de poso profundo con nuestros tiempos. Nos podría recordar a ‘The Truman Show’ pero, en un mundo donde la vigilancia autoimpuesta ya está más que asentada, el film va más allá planteando qué es la realidad y dónde reside lo auténtico. Porque, como le dice Carol a su marido Gary: ‘lo que me gusta de ti es que eres auténtico’.

