‘ANA DE DÍA’ O CÓMO SOMOS DIFERENTES SERES EN UNO

Momentos. De eso se fundamenta la vida. Los hay de los que algunos llaman felices y los hay de los que algunos los llaman tristes. Todo, en el fondo, depende de una misma. De día o de noche, es igual. No es la búsqueda de la felicidad —algo denostado y aburrido hoy en día— es el recorrido que hay que hacer hacia una misma para encontrarse o no. 

‘Ana de día’ es la misma que la Ana de noche, sólo que en otro momento.  Ese momento en  que te das cuenta que tu misma has invadido tu vida, en un mecanismo repetitivo e igualitario; día tras día. La misma historia, las mismas sensaciones, los mismos mecanismos, la misma Ana. Hasta que decide profundizar en la noche, en un lugar donde no es ella pero, lo más importante, tampoco necesita serlo.

Esas noches; ese cabaret; ese hombre de bigote que no se sabe quién es. Todo, a veces, parece mejor cuando esta fuera de control, cuando está configurado por el momento y no por el nosotras. Como esos bailes en el teatro, vacíos; destruidos: el teatro y Ana.  Unos momentos necesarios para entender que lo mejor, a veces, es no entender.

 La obra prima de Andrea Jaurrieta es una desconfiguración del ser. Es desdoblar las partes de una para ver qué hay en cada una de ellas; ver que lo que nos configura, a veces, no lo sabemos ni nosotras mismas y que el todo no lo es todo pero sí prende significado. 

Aquí, lo importante, es el recorrido; es tener sexo con el hombre del bigote sin saber realmente quién es; es vivir en un piso compartido con persones que toman importancia para nosotras por no sé qué razones; es conversar con el presentador del cabaret donde trabajas sin saber qué hay detrás de él; de su historia. Son esos momentos, dictados, a lo David Lynch, donde no se entiende nada porque no se diferencia del sueño o de la realidad, lo que constituye el todo de ‘Ana de día’.

Es, en definitiva, un terror encontrarse a una misma. Es caótico y desesperante. A veces, no hace falta esa búsqueda. A veces sí. El peor demonio para una es una, ya sea sueño o realidad. Recuerda a Narciso mirándose en el río. El memento mori. El día y la noche. Porqué sin día, no hay noche pero la noche también es necesaria para apreciar el nuevo día.

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